Política: POLI-04
ANALISIS
La gente puso límites al gobierno
José Curiotto

El compromiso ciudadano de salir a las calles para reclamar diálogo, cordura y respeto por las instituciones no fue en vano. Las cacerolas se transformaron, una vez más, en el instrumento elegido por la gente para hacerse escuchar, pero el mensaje fue mucho más allá del simple ruido metálico.

En 2001, los cacerolazos se produjeron ante un gobierno sin poder, ni rumbo fijo. Ahora, en cambio, los cacerolazos aparecieron ante un gobierno con el poder casi absoluto en una Argentina que, a los golpes y poco a poco, parece ir comprendiendo por qué el respeto por las instituciones republicanas tiene una importancia crucial para cualquier país que pretenda progresar.

Más allá de la puesta en escena que durante todo el día de ayer planteó el kirchnerismo, haciendo sobrevolar el fantasma de un golpe que no existe y hasta utilizando para ello a la hija de una de las víctimas del infame bombardeo a Plaza de Mayo de 1955, el gobierno se vio obligado a tener en cuenta al Congreso de la Nación.

Se puede decir que allí el kirchnerismo tiene mayoría. Es cierto, pero poco importa. De hecho, esa mayoría fue lograda mediante los votos. ¿Que fueron listas sábanas? Es verdad. Pero hasta que el sistema de elección de legisladores no cambie, debe ser respetado.

Tal vez resulte apresurado decirlo, pero existe la sensación de que el cacerolazo tuvo algún resultado positivo.

Allí estarán ahora senadores y diputados. Muchos de ellos casi desconocidos para la mayoría no sólo porque no fueron capaces de hacerse notar desde sus bancas sino, en muchos casos, porque eligieron candidatearse como legisladores nacionales, considerando que el Congreso puede ser tomado como una suerte de tranquilo escondite.

Ahora tendrán que mirar cara a cara a los ciudadanos a quienes dicen representar. La gente sabrá quién es quien y ya llegará el momento de las elecciones para decidir a quién votar y a quién no.

El problema mayor no lo tendrán aquellos legisladores que desde un principio apoyaron las retenciones. De hecho, tienen tanto derecho de hacerlo como aquellos que las critican. El problema mayor lo tendrán quienes estuvieron callados, ocultos frente a semejante tembladeral.

¿Que el proyecto de ley enviado por el gobierno no permite demasiadas discusiones?, ¿que sólo se podrá votar por sí o por no? Tampoco importa demasiado.

Ahora los ruralistas deberán terminar con sus piquetes en las rutas. El campo logró durante cien días poner en la mesa de discusión la falta de una política agropecuaria; el autoritarismo de los Kirchner quedó al desnudo y se le demostró al gobierno que todo tiene un límite; el centralismo porteño se hizo evidente y la gente, sobre todo el ciudadano común, dejó en claro que prefiere un país que respete las instituciones, en lugar de tomar atajos que nunca llevan a buen final.