Télam
Un perito policial y los padres de Mauricio Ponce de León, un chico discapacitado que en 2005 fue asesinado de 33 puñaladas en Chascomús, complicaron ayer la situación del joven imputado del crimen, al comenzar el juicio oral por el caso, informaron fuentes de la investigación.
Un experto en rastros de la Policía Científica declaró ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de Dolores que durante un allanamiento en la casa del acusado Diego Urquiaga (27) se halló el teléfono celular de la víctima.
Según el especialista, este aparato estaba en uno de los cajones de la mesa de luz del acusado y le faltaba la batería, la misma que ya había sido secuestrada junto al cadáver de Mauricio el día que se descubrió el crimen.
Por su parte, los padres de la víctima aseguraron ante los jueces Jorge Tamagno, Analía Graciela Avalos y María Ester Zabala, que Urquiaga fue la última persona que vio con vida a su hijo.
Declararon que en los días previos al crimen el imputado fue en cuatro ocasiones hasta su casa para ver a Mauricio y que éste les contó cuando salió de su casa horas antes de ser hallado muerto que iba a ver a Urquiaga.
En la primera jornada del debate también declaró Mabel, la tía de la víctima, los primos de Mauricio y un perito médico que explicó la mecánica de la muerte del chico al describir que recibió 33 puñaladas, fue sujetado con una soga a un árbol y fue atropellado con su propio auto.
El juicio continuaba hoy con la declaración de otro perito y más testigos de la lista de 200 que está previsto que desfilen ante el tribunal.
Urquiaga, alojado en la Unidad penal de Dolores, llegó a juicio procesado como autor del delito de "homicidio calificado por ensañamiento y alevosía", por lo que podría ser condenado a prisión o reclusión perpetua.
Si bien, en este proceso hay un solo acusado, en el expediente hay otros tres jóvenes vinculados y que en 2005 estuvieron detenidos por el caso, aunque luego fueron excarcelados.
Se trata de Matías Bustingorry, Pablo Brandoni y Néstor Torrado, todos jóvenes de la ciudad de Chascomús que conocían tanto a la víctima como a Urquiaga.
Los tres fueron beneficiados en abril de 2005 con la falta de mérito por la jueza de Garantías de Dolores Laura Elías, lo que les permitió recuperar la libertad.
Luego, en marzo de este año, la misma jueza los sobreseyó, aunque el fallo fue apelado por la querella, por lo que mientras no quede firme en segunda instancia, esta causa paralela seguirá abierta.
Uno de los elementos que llevó a los investigadores a centrar las sospechas sobre Urquiaga fue la declaración de dos compañeros de celda del joven que aseguraron que el acusado admitió ante ellos haber matado a Ponce de León.
Para el querellante José Luis Ochoa, el móvil del crimen pudo haber sido un secuestro planeado por Urquiaga y los otros tres sospechosos y que, por alguna razón, el imputado se adelantó y actuó con fines de robo.
Es que, la víctima había cobrado hacía poco un millón y medio de pesos como indemnización por un accidente ferroviario sufrido años atrás, en el que perdió una pierna y parte de la otra.
El 26 de febrero de 2005, Mauricio Ponce de León fue hallado asesinado en el paraje La Liberata, a tres kilómetros de la planta urbana de Chascomús.
Ese día, el joven había salido de su casa para adquirir un autoestéreo que le habían ofrecido para su Peugeot 206.
De acuerdo a los investigadores, el acusado citó a Mauricio para que lo pasara a buscar, con la excusa de venderle un reproductor de CD a bajo costo.
Se cree que Urquiaga abordó el Peugeot 206 de la víctima y se sentó en el asiento trasero ya que en el del acompañante delantero estaban las muletas y la silla de ruedas del chico.
La víctima manejó hasta un sector de la laguna, momento en que agresor le colocó un cable al cuello hasta desvanecerlo.
Luego lo sacó del auto y comenzó a golpearlo con sus propias muletas, hasta dejarlo gravemente herido y se fue hasta su casa.
Tras realizar unas diligencias, el sospechoso tomó un cuchillo y regresó al lugar del ataque, pero descubrió que el joven discapacitado no estaba donde lo había dejado, sino que había logrado arrastrarse hasta unos arbustos.
Al ser descubierta, la víctima le gritó: "¿Por qué me hacés esto?, no me mates, yo nunca te hice nada", según la presunta confesión de los compañeros de celda de Urquiaga.
Finalmente, el acusado se abalanzó sobre Mauricio y, tras un breve forcejeo, lo mató a puñaladas.