Opinión: OPIN-04
Al margen de la crónica
Una historia posible

Cargada por los años y apenas un bolso, mostró la identificación y se aferró como pudo al caño frío y resbaladizo que apenas le proporcionaba algún equilibrio, en medio de ese vértigo inexplicable que parece adueñarse de todos a cualquier hora del día. Esperó que la corta vista y la indecisión no le jugaran una mala pasada y acertó con el metal en la leve ranura; cabía la posibilidad de que algún objeto rodara por el piso, pero el riesgo le resultaba más aceptable que hacer pasar un plástico endeble por esa línea que parece terminar en el vacío.

Luego apoyó todo lo que pudo las suelas sobre el piso. Ya se sabe que no conviene andarse de puntas de pie a esas alturas de la vida ni a cualquier altura sobre el asfalto. A fuerza de práctica y resignación, había aprendido a mantener el equilibrio avanzando poco a poco, alternando pies y manos como un escalador que respeta una regla de oro: mantener siempre un punto de apoyo, soltarse jamás.

Así logró ganar algo de espacio y acomodarse en medio del zarandeo, los apretones, los bolsos que parecen clavarse entre los omóplatos y las pisadas de otros pasos presurosos por llegar a su meta, en esa eterna carrera en que inexorablemente suele transformarse cada jornada. La experiencia le había hecho incorporar otras estrategias: mantener las dos manos libres, usar calzado que no resbale, nada de guantes...

Cada vez que sonaba el timbre relojeaba para el fondo pero... nada. Así que se quedó allí contemplando el paisaje, igual que tantos otros que en ese momento parecían inusualmente empeñados en saber qué ocurría afuera, quizá como una manera de esquivar lo que pasa al lado.

Por fin llegó a destino. Dispuesta a ejercitar una vez más sus habilidades, fue tomándose de uno y otro soporte, todo lo que le permitía el gentío que a esa hora ya había ganado casi todo el espacio disponible, ajeno a esa figura encorvada que se desplazaba al desacelerado ritmo que proporcionan los años y la certeza de que apurarse tanto no garantiza arribar a algún lado. Llegó a la escalera, respiró hondo, avisó que bajaba y así lo hizo. Había logrado una vez más concretar una proeza involuntaria.

¿Una historia real? Quien sabe. En todo caso, una historia posible.