Los jóvenes ignoran que la Real Academia entiende por "bizarro": valiente, y también, generoso, espléndido. Ha asimilado la acepción que le da el uso inglés, que remite a "rarísimo, extraño, estrambótico", y en esta guía porteña, lo bizarro se entiende como lo que está fuera de la norma.
Y así "Buenos Aires bizarro" , de Daniel Riera, publicado por Aguilar, nos presenta a negocios, como el que ofrece ropa para hombres altos, el que sólo ofrece cactus, o música y memorabilia de Elvis Presley, estatuitas de yeso, artículos para espionaje (o espiar, directamente), panes dulces para perros, diarios viejos. O comercios para jóvenes extravagantes, como los que realizan tattoos, piercing y aledaños; ropa temática sobre violencia en el fútbol (ropa para barrabrava, en suma); juguetes de antes; lencería erótica.
O servicios como hospital de muñecas; esculturas de arena; elongación de penes; mariachis, o coiffeur para futbolistas. O toda clase de servicios para mascotas como: taxidermia; inseminación artificial, retratos o reiki para mascotas.
La sección de arquitectura bizarra nos cuenta de la Pizzería Manhattan, que intenta evocar el edificio Chrysler; o el Palacio de los elefantes, en el Jardín Zoológico, que es una réplica del templo de la diosa Nimaschi en Bombay. Están también las esculturas tan raras como el Monumento a Caperucita Roja; la de las manos de Olmedo (Alberto, el cómico); un "bonsai" de la Estatua de la Libertad emplazada en Ellis Island, New York; un Monumento a la Pelota o de un dedo gordo que sostiene a un pie entero.
Hay guías de museos como el Penitenciario Argentino; Museo de la Deuda; de la Patología, y por supuesto hay rarezas de índole nocturna y sexy, como clubes de sexo tántrico, de lucha en el barro, de gays morrudos y barbudos; industria de máquinas sexuales, repostería erótica, disco swinger, disco lésbica, clases de sexo, un departamento para hombres que se visten de mujer o estudio para fotos íntimas.