Agencia Télam / De la redacción de El Litoral
"Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia", entonaba Silvina Garré cuando, a principios de los '80, el llamado Proceso de Reorganización Nacional agonizaba. El paso del tiempo, el reconocimiento del horror, los testimonios, las luchas inquebrantables como las de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, permitieron que el leitmotiv de ese tema se revirtiera y la historia real pudieran escribirla los que perdieron durante aquellos años de totalitarismo: todos los argentinos.
Y en medio de este libro del dolor, el Mundial '78 ocupó uno de sus principales capítulos, una especie de portada que envileció con los años una conquista deportiva también muy deseada por los argentinos. Fue, es y será muy difícil, prácticamente imposible, separar las aguas, más allá de que algunas voces se levantaron señalando que el técnico César Luis Menotti estaba relativamente al tanto de la situación, pero no así los futbolistas.
La goleada de la Argentina sobre Perú por 6 a 0 (necesitaba cuatro tantos para pasar a la final), obtenida en cancha de Rosario Central, también alimentó una sospecha que jugadores de aquel equipo incaico como Humberto Manzo y Juan Carlos Oblitas confirmaron posteriormente. "Cuando estaba por empezar el partido, nos visitaron en los vestuarios autoridades del gobierno argentino, encabezadas por el general (Jorge Rafael) Videla. Nunca había visto algo así", confió Manzo.
La presencia advertidamente intimidatoria del presidente de la denominada Junta Militar en los camarines peruanos y la posterior goleada se podían haber evitado si Oscar Ortiz no hubiera fallado, sobre la línea de gol, cuando tenía en sus pies la posibilidad de quebrar el 0 a 0 con el que cuatro días antes el equipo argentino había empatado con Brasil.
Pero el "Negro" falló y, para llegar a una final con Holanda marginando a los brasileños, no quedaba otra que golear a un Perú al que la Argentina ya había vencido por 3-0 (así había terminado el primer tiempo) poco antes del mundial, en Lima.
De esta manera, el equipo albiceleste llegó a la final, que lo devolvió al estadio Monumental en el que había afrontado la primera fase con triunfos sobre Hungría y Francia (ambos 2 a 1) y derrota ante Italia (1-0), que lo envió a la subsede Rosario. Allí, además de los mencionados partidos con Brasil y Perú, el equipo nacional se impuso por 2 a 0 a Polonia, el día que Ubaldo Fillol le atajó el tiro penal a Kasimiersz Deyna.
Y el 25 de junio de 1978 se jugó la final, desde las 15, en una cancha de River Plate colmada, frente a una Holanda que había deslumbrado en el anterior Mundial de Alemania '74, pero cayó en la final ante los locales.
La historia volvería a repetirse para la todavía llamada "Naranja mecánica", que llegó a la Argentina sin su gran figura, Johan Cruyff, porque se había negado a jugar el mundial, ya que en el país no se respetaban los derechos humanos. Los exiliados y distintos organismos internacionales de derechos humanos revelaban por entonces, especialmente en Europa, la realidad que se vivía en la Argentina.
El conjunto albiceleste venció con justicia a Holanda, aunque sufriendo y en tiempo suplementario, por 3 a 1, con dos goles del máximo anotador del mundial, Mario Kempes (seis tantos), y el restante, de Daniel Bertoni.
Al término del encuentro, las imágenes del capitán Daniel Passarella recibiendo la Copa del Mundo de manos del propio Videla y el posterior saludo con Menotti, que en ese momento pretendieron ser símbolos de gloria y alegría, 30 años después representan una figura macabra de aquella dictadura, que tuvo como luctuoso saldo 30.000 argentinos desaparecidos.
"Fuimos campeones porque tuvimos al mejor arquero del mundo (Fillol), al mejor defensor del mundo (Passarella) y al mejor jugador del mundo (Kempes)", afirmó uno de los goleadores (cuatro tantos) de aquel equipo, Leopoldo Jacinto Luque, cuando en las últimas horas enumeró las razones por las que, según su parecer, Argentina ganó el campeonato del mundo.
El primer campeonato del mundo fue el que inició un camino que prestigió al fútbol argentino y lo hizo crecer en ese plano ante los ojos del planeta, hasta el punto de repetir en México 1986 y convertirse en un seleccionado respetado, a partir de entonces.
No obstante, como todo hecho cultural, y sobre todo en la Argentina, la instrumentación que hizo del fútbol el gobierno de facto que castigó al país durante siete largos años lo terminó mostrando derrotado ante la historia. En ese mundial en el que no pudo tomar parte Diego Maradona y contrariando sus propios dichos, sí se "manchó" la pelota.
El balón que se usó en la final del Mundial 1978 entre Argentina y Holanda, firmado por los 22 jugadores titulares de ambos equipos, se encuentra actualmente en un bar de la ciudad brasileña de San Pablo y fue regalado en el estadio Monumental a un periodista lugareño por el actual presidente de la Fifa, el suizo Joseph Blatter, quien entonces iniciaba su camino como integrante de la federación internacional. Treinta años después, la pelota Tango, marca Adidas, está exhibida bajo un vidrio que la hace intocable, en el bar Boleiros del barrio Vila Madalena, de la ciudad de San Pablo.
La undécima edición de la Copa del Mundo de fútbol la obtuvo Argentina jugando como local, en el que fue el primer título de su historia, hecho que se concretó al vencer en la final a Holanda el 25 de junio de 1978. Las sedes de este campeonato mundial fueron los estadios de River Plate, Vélez Sarsfield, Rosario Central y los que se construyeron especialmente en Córdoba (Olímpico), Mendoza (Malvinas Argentinas) y Mar del Plata (José María Minella). Algunos detalles salientes del certamen fueron los siguientes: seleccionados inscriptos: 98; seleccionados participantes: 16; partidos jugados: 38; goles: 102 (promedio 2,68); seleccionado más goleador: Holanda y Argentina (15); goleador: Mario Kempes (Argentina), con seis tantos; público asistente: 1.610.275 (promedio de 42.374 por partido).