Una coalición política liderada por un dirigente de la UCR se impuso en las elecciones municipales celebradas en la ciudad de Río Cuarto. Para los observadores, el resultado representó un voto castigo al peronismo y, muy en particular, al oficialismo nacional. La diferencia de 18 puntos obtenida por la lista ganadora es la más alta lograda entre peronistas y radicales en la historia política de esta pujante urbe de la provincia de Córdoba.
El flamante intendente electo, Juan Jure, contó con el apoyo de los seguidores de Luis Juez y de dirigentes socialistas. Su campaña electoral tuvo como eje temático la cuestión del campo. Por su parte, la lista peronista Äal momento de confeccionarseÄ contaba con el respaldo de kirchneristas y delasotistas. Las diferencias públicas entre los grandes referentes nacionales de esta coalición también se expresaron durante la campaña y estas disidencias se transformaron en uno de los motivos que hoy explican tan contundente derrota.
Río Cuarto estuvo gobernada en este último período por el radical K Antonio Rins. Hace unos años, en esa ciudad había espacio para sostener estrategias transversales. Hoy no hay margen alguno para un programa semejante. Lo que sucede en Río Cuarto se expresa, con las variaciones del caso, en gran parte del país. Empujado por la crisis, el kirchnerismo ha renunciado a sus veleidades transversales y se refugia a pasos acelerados en la ortodoxia partidaria más acendrada.
A la hora de los análisis políticos, hay que ser muy cuidadosos con las simplificaciones o los determinismos. Que el peronismo haya sido derrotado en esa ciudad del sur cordobés no autoriza a pensar de manera lineal, ni a afirmar sin matices que el decreto 125 de retenciones móviles fue el responsable excluyente del giro electoral. En una elección municipal intervienen diversas variables locales que suelen ser decisivas a la hora de explicar un resultado.
No obstante, en el caso que nos ocupa hay buenas razones para interpretar que la derrota del peronismo está relacionada con el conflicto con el campo. En primer lugar, porque esta crisis que se prolongó durante más de tres meses fue muy intensa y no hubo lugar para las indiferencias o las neutralidades. En segundo término, porque Río Cuarto fue una de las ciudades que con más intensidad vivió este conflicto.
En ese sentido, podría decirse que allí la cuestión agraria no es un conflicto externo, sino interno. Lo sucedido tiene que ver con la economía de la región, con el comercio y la industria. Para los observadores, Río Cuarto es el centro agropecuario más importante de la provincia.
Las posiciones críticas del gobernador Schiaretti respecto de la estrategia del kirchnerismo se explican en este contexto. El actual gobernador de Córdoba ganó las elecciones gracias al apoyo de los productores agropecuarios y su correspondiente trama social. La sensatez, la prudencia y el cálculo lo llevaron a tomar distancia del oficialismo nacional. Algo parecido hizo De la Sota. Los cambios de posiciones de los dirigentes no alcanzan, sin embargo, para convencer al electorado que, a la hora de votar, no se detiene en sutilezas. Premia o castiga.