Opinión: OPIN-03 Bendito y maldito tiro del final

Instalado en el historial del fútbol rosarino con aquél "Pirulazo" con la camiseta de Rosario Central que eliminó a Newell's Old Boys de la Copa Sudamericana, ahora el zurdo Germán Rivarola se acaba de asegurar un lugarcito en los 103 años de la historia sabalera con el tiro del final que valió para que Colón derrotara a Racing por 1 a 0 para gambetear la Promoción y asegurar su permanencia en Primera División para otra temporada afista.

Ese tiro del final de Rivarola -cuando Collado había adicionado tiempo extra de tres minutos y Racing lo apretaba con un jugador menos a Colón- rebotó en todos los lugares del mundo donde palpitaba algún corazón sabalero expectante.

Lo que vino después es natural para esta futbolera Santa Fe: delirio en las 30.000 almas en el estadio, festejo callejero, caravana, cumbia y cerveza hasta la primeras horas del mismo lunes.

Claro que, increíblemente, en el mismo momento en que a Rivarola le salía el tiro del final, en uno de los barrios más populosos de Santa Fe también se escuchaban detonaciones al aire en señal de festejo por Colón: el 1-0 a Racing, la permanencia, el adiós a la Promoción.

Todo normal, hasta que después de uno de esos estallidos se escuchó el silencio, aunque parezca una contradicción. Y después, el griterío, el pedido de auxilio, la muerte. A los 13 años Alexis Miguel Angel Zavala festejaba en el corazón de Santa Rosa de Lima, barrio sabalero si lo hay, junto a un grupito de amigos en bicicleta. Una bala, lejana o cercana (al fin y al cabo, qué importa), le quitó la vida. A los 13 años, en las sociedades normales, la vida recién empieza. Acá, a los 13 años se termina. Por culpa del bendito Äel de RivarolaÄ y maldito Äel del armaÄ tiro del final del domingo a las seis de la tarde.