Opinión: OPIN-05 Cartas a la dirección

"Dialogar"

Señores directores: Para que este acto, que creemos exclusivamente "humano" pueda llevarse a cabo, obviamente dos o más personas deben estar conectados físicamente, aun cuando medie cierta distancia, incluso, un aparato telefónico o una webcam.

Hoy, las circunstancias, las mismas de las que somos responsables, nos han llevado a que el San Benito de todos los días sea el verbo "dialogar"; atrás quedaron palabras tales como paz, dólar, AMIA, sida, desocupación, elecciones y tantas otras insertas en el diccionario de la vida en cualquier continente.

El hecho es que, pronunciada como sustantivo por quienes ostentan el poder (coincidentemente ante cuando medio radial, televisivo o gráfico sirva de testigo) como la única salida para las divergencias que son de dominio público, se asemeja más a una utopía que a una verdadera intención conciliatoria.

Salida de la boca de quienes hoy reclaman por lo que les toca perder denota un pedido de auxilio seguido de un cierto respeto, casi obligado, porque sabido es que, cuando se ha perdido la confianza, en muchos, el respeto sobra, y más encontrar el interés en mantener cualquier diálogo.

Ninguno de los significados académicos de la palabra "dialogar" puede ver la luz con los mismos lectores e intérpretes, ya que en cien días hubo oídos sordos imposibilitando llegar a un acuerdo.

El "Diálogo" hace tiempo que tomó otro rumbo, desde el mismo momento en que "armó las valijas"; partió de cada hogar, pobre o no, y se perdió en el camino entre la duda, incomprensión, hipocresía e intereses personales. Es de esperar que, al final de ese camino, se haga la luz porque, si los interlocutores no bastan, entre los protagonistas, que ya saben de las limitaciones de uno y otro, debe surgir la sensatez.

No hay más lugar para el egoísmo, cuando, al costado del camino, inerme y expectante está el pueblo, aunque en él también subsistan algunos de los que colaboraron para el poder de unos y el mayor bienestar de otros. La solución a no solamente el conflicto "gobierno-campo" está en el sinceramiento interno, en un mea culpa para reconocer que, si un día llegaron a donde están, fue porque el pueblo apostó sus últimos sueños y esperanzas, y que por cierto no tienen cabida en una histórica Plaza de Mayo como poetizó la Sra. presidente, sino en el corazón de cada argentino.

Marta Snaidero

DNI: 12.215.210.