Enrique Cruz (h) - (Enviado especial a San Salvador de Jujuy)
La gente que estuvo en el 23 de Agosto y lo vio a Gugnali en vivo y en directo, y quienes observaron el partido por televisión, se llevaron una imagen totalmente falsa del entrenador de Unión. Es que si algo distingue a este hombre es la sobriedad y la tranquilidad, el trato afable, casi alejado de las histerias tan propias de los protagonistas del fútbol. Sin embargo, Gugnali se fue expulsado de la cancha cuando apenas se jugaban 21 minutos. Y tuvo una reacción impropia de él, sólo comparable con aquella que tuvo en Córdoba, el día que Sabino lo echó en el partido ante Belgrano. Pero ésta fue peor.
Juan Vega habló con todos los medios presentes en el 23 de Agosto, más allá de la derrota y de la tristeza. "De inmediato nos pondremos a trabajar para encarar la próxima temporada. Unión es un club que exige protagonismo en la Primera "B' Nacional y no hay otro objetivo que el de ascender. Eso lo sabemos, lo intentamos esta vez y no pudo ser, pero es el mismo objetivo que tendremos para el trabajo que iniciaremos a partir de mañana mismo".
No hubo un solo jugador de Unión que saliera del vestuario y no le diera las gracias a la gente por el esfuerzo que hizo por llegarse hasta esta lejana ciudad para alentarlos. "Nuestra tristeza es por ellos, porque dimos la vida, todo lo que teníamos para dar, con el objetivo de brindarles esa alegría que vinieron a buscar tan lejos", señalaron todos los jugadores consultados por El Litoral, antes de emprender el viaje al Aeropuerto y el regreso a nuestra ciudad.
Lo que vivieron Pipo y Nereo no se lo deseo a nadie. Y lo escribo así, en primera persona, porque las sensaciones son muy raras, una mezcla casi explosiva, única, indeseable. Nadie habría querido estar en sus lugares.
Primero, habrá que decir que la actuación de los dos fue impecable. Segundo, que en Jujuy los aman (hay una bandera que pide a Nereo para la selección y que la cuelgan en todos los partidos), y tercero, que si algo les faltaba para meterse a los jujeños en el bolsillo, fue el hecho de haber conseguido con ellos la salvación.
Claro que enfrente estaba la camiseta de sus amores, sus ex compañeros y, en la tribuna, sus familiares, sus amigos, la gente que los rodeó toda la vida. Contra ellos jugaron Pipo y Nereo. Por eso, se entiende las lágrimas del final, cuando Ulloa entró a la cancha a abrazarlos.
"Les agradezco a todos los santafesinos que vinieron, porque yo soy hincha de Unión y me emocionó ver esa tribuna llena como estaba. También les agradezco las demostraciones de cariño, el respeto y el afecto, porque entendieron que uno es un profesional y que se debe al club que le paga. No hubiera querido por nada del mundo que esto pasase. Pero ocurrió. Jugar en contra de Unión no fue nada fácil para mí, menos en esta instancia. Por eso, cuando terminó el partido, me dediqué a consolar a mis amigos adentro de la cancha y a respetar el dolor de mi gente".
Palabras más o menos, la entereza de un tipo respetable ciento por ciento, adentro y afuera de la cancha, como Pipo Desvaux. Él y Nereo demostraron que son grandes profesionales. Como no podía ser de otra manera, aunque duela.