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Esta nota busca profundizar aspectos relacionados con los museos como medios no convencionales Äy, sin embargo, convencionalizadosÄ de comunicación. Qué y cómo comunica el museo depende de muchos factores, pero, fundamentalmente, como dice la profesora y museóloga Alicia Sarno, el museo no es inocente, gestiona desde una posición ideológica. Si puede partirse de la aceptación del museo como hecho comunicativo, poseedor de su propio lenguaje, puede entonces analizarse el museo desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, como fenómeno social, hecho cultural, espacio físico definido, patrimonio de una comunidad y muchas otras perspectivas.
Por otro lado, el museo transmite, en primera instancia, a través de los sentidos, especialmente el de la vista. Aunque algunos incorporan desde "música ambiental" a registros sonoros acordes con sus montajes y hoy es frecuente la apelación al sentido del tacto, no sólo para ciegos o disminuidos visuales, el predomino en el contexto museístico es visual. Y, en general, este sentido se halla unido a lo que perceptivamente se denomina cenestesia, o sea, a las sensaciones internas del cuerpo Ärelacionadas con el equilibrio y el movimientoÄ, producidas por el necesario desplazamiento. A través de este primer contacto sensorial, en el que predomina lo visual, se producirá la interpretación a través de la mirada que, a diferencia de la vista, supone el análisis, la comprensión, de ese impacto sensorial. Previos conocimientos, racionalizaciones sobre lo percibido, informaciones anteriores o provistas por la institución, indicaciones de personal del museo, de docentes a cargo de grupos, de especialistas, permitirán al visitante acceder al mensaje de la institución. Mensaje cuya interpretación dependerá, en primer término, del bagaje cultural, afectivo, emocional de quien percibe y de su instancia vital al momento de la visita. Cada imagen abre infinitos mundos semióticos, al decir del Lic. Juan Magariños de Morentin. Desde sus propuestas teóricas sobre los signos visuales y siguiendo los planteos de Charles S. Pierce, las imágenes que el museo propone y que van más allá de su acervo exhibido (región, sitio, contexto de ubicación, fachada, espacios, distribución de los mismos, iluminación, colores utilizados en sus muros, señalización, recorridos posibles, sectores, infografías, hojas de sala o de vitrinas) se constituyen, a veces, en signos, en señales, y a veces, hasta en símbolos de una idea que el museo desea transmitir.
En síntesis, el museo metaforiza, pues sus objetos están en lugar de otra cosa como ya se ha planteado en otra oportunidad. A este carácter metafórico de los museos y de los objetos en ellos exhibidos puede agregarse que tanto la institución museo como los objetos en él también funcionan como sinécdoque, pues ambos son una parte que permite al visitante comprender un todo. En un museo de Ciencias, un resto paleontológico permitirá comprender la forma del animal completo, su tamaño, su andar, su hábitat, su dieta y un sinfín de completamientos que no están presentes y se deducen de la parte exhibida. El reloj de Belgrano Ätan lamentablemente robadoÄ podía, completado con la referencia anecdótica (que los ladrones ignoraban o despreciaron) armar la figura entera del patriota, cerrar su parte humana, bajarlo del indiferente bronce.
El museo evoca, a través de sus puestas, esos otros mundos posibles generados por las infinitas interpretaciones de sus públicos. Pero, además, desde su función comunicativa, maneja de manera natural otros recursos retóricos y lingüísticos, generalmente en forma no consciente. Su aprovechamiento, por parte de quienes se involucran en la actividad museal, afianza los fundamentos teóricos y epistemológicos que atañen a la museología y llevan a lo planteado alguna vez por Aurora León: el museo no puede solamente manejarse con la práctica, o sea, con la habilidad del hacer diario, (a veces intuitivo), sino, fundamentalmente, con la praxis, o sea, la aplicación de fundamentos teóricos ya ampliamente desarrollados por la museología, y en constante ajuste, que deben ser conocidos y aplicados por todo el personal de la institución museo.
Lidia Ferré de Peña