La psicóloga francesa Anne Ancelin Schützenberger, nacida en 1919 y que cuenta entre sus antecedentes haber trabajado con Margaret Mead y Gregory Bateson en el grupo de Palo Alto, especialmente dedicado a la hipótesis del "doble vínculo" o "doble coacción", problema comunicacional que se presenta en la familia cuando se emiten algunos mensajes que son más que contradictorios, estructurados de tal modo que, al mismo tiempo que afirman algo verbalmente, afirman algo distinto de otro modo, por ejemplo, a través del lenguaje del cuerpo. De este grupo surgió una terapia familiar basada en las ideas de sistema y de homeostasis. Schützenberger se abocaría posteriormente al genosociograma, que busca reconocer la estructura, configuración o pattern de la vida familiar del paciente, incentivando la realización de una especie de árbol genealógico hecho de memoria.
Su método se centró en lo que llama terapia transgeneracional psicogenealógica contextual, para la cual el individuo se concibe como un eslabón en una cadena de generaciones, una cadena que nos ata con mandatos o lealtades invisibles y nos impulsa a repetir situaciones o acciones. Una terapia que integra psicoanálisis, psicodrama y el enfoque sistémico. "Lo que importa es la manera en que el autor de este árbol "fantasmático' percibe a los personajes y los lazos que los unen, y que lo ligan a sus ascendientes y colaterales y a sus roles. Son inclusos los blancos, los agujeros de memoria de la familia los que dicen mucho sobre lo que fue tachado de la memoria familiar".
De sus búsquedas y experiencias habla Schützenberger en "íAy, mis ancestros!", que acaba de publicar Taurus. De su búsqueda por "reconquistar nuestra libertad y salir de la repetición comprendiendo lo que pasa, atrapando esos hilos en su contexto y en su complejidad. Podremos, al fin, vivir así nuestra propia vida y no la de nuestros padres o abuelos, o la de un hermano muerto, por ejemplo, al que reemplazamos, sabiéndolo o no...".