Señores directores: Eso me dijeron de Patricio, mi hijo chiquito, un muñeco dorado pelilargo, a sus tres años de mirada extraña y nunca de frente a los ojos de nadie, a sus tres años casi sin palabras. Rótulo académico si los hubiere, ahí está -dijo el doctor- Trastorno Generalizado del Desarrollo... ¿autismo leve?... ¿Síndrome de Asperger?... mmmm... parecido... no exactamente, no totalmente, no absolutamente, para qué los nomencladores si igual es algo intermedio, algo gris, algo que no tiene un nombre rimbombante para definir su presencia-ausencia, sus tráficos de medianoche, su fobia a los contactos, su soledad voluntaria, desapariciones imprevistas y siestas adentro del placard.
Pasó el tiempo -(me digo)-, caminamos pesadamente estos años difíciles y hemos compartido paranoias, un idioma propio y atravesado, pesadillas y sufrimiento, hemos tenido intervalos lúcidos geniales, negaciones, neurólogos, psicopedagogos, asombros, terapias, momentos insólitos, inadaptaciones, presiones, defensas, reuniones con los docentes, amenazas de expulsiones, llantos, gritos airados en medio de las eternas charlas con aplicación de las eternas estrategias: "íyo zoy un nene normal! íyo zoy un nene normal!", cambios de escuela, etiquetas, opiniones de todos. Dios, a cuántos rotuladores-psicólogos de entre casa hubiera ahorcado con mis propias manos. Escuela especial no, el coeficiente es alto. Cursado normal tampoco, no tolera el medio. Se aturde, se aturde, lo aturden. A mí me decían que le pusiera límites, y yo tenía nada más que una frontera para él, para marcarle el territorio y dejarlo pasar con un abrazo a ninguna parte porque no había un lugar en el mundo convencional para Patricio, TGD- rasgos autistas, nene extraño, recuperador de la risa de los grandes como la de aquella mañana, cuando se llevó en la mochila una botellita de plástico con agua mineral. "Ez para loz recreoz- me dijo- azí puedo tener una vida interior zana".
Tengo la manía de citarlo, a veces, como si fuera un contemporáneo, cito lo que dice cuando está enojado, porque parece siempre pensado solamente para mí: "Déjenme, no me hagan la vida peor".
Por Silvia Susana Beltrán - Ciudad.
Señores directores: Si cubres con plata los vidrios de tu ventana llegará el momento que en espejo los convertirás y sólo tu imagen verás, impidiéndote ver lo que pasa a tu alrededor. Lo único que lograrás es que tu alma se cubra de mezquindad y soledad.
Por Dolly Campana - L.C. 1.049.195.