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El Senado votará el miércoles sobre el polémico proyecto de retenciones móviles a las exportaciones agrícolas, la medida que desencadenó, en marzo pasado, un conflicto más prolongado de lo que cualquier observador podía prever.
Pero en vez de mejorar la argumentación de sus respectivas posiciones, como corresponde a un proceso parlamentario, los dos actores polares del conflicto, el "campo" y el gobierno nacional, buscarán dirimir sus diferencias con sendas movilizaciones populares.
La primera fue convocada por las cuatro entidades del agro que integran la Mesa de Enlace del campo y tendrá lugar en el barrio de Palermo, casi al lado del tradicional predio de la Sociedad Rural Argentina, elección que facilitará el mote de "oligarca" frente a la segunda movilización, -la del kirchnerismo, con el ex presidente Néstor Kirchner a la cabeza- desde la plaza de los Dos Congresos, frente mismo al edificio donde un día después votarán los senadores.
Esta competencia por ver quién moviliza más, quién grita más fuerte, quién es más guapo, quién ocupa y domina las calles, las plazas o las rutas, desnaturaliza el carácter republicano y representativo de la forma de gobierno de la Argentina.
Hace más de 20 años, en pleno gobierno alfonsinista, también hubo dos grandes movilizaciones simultáneas. El radicalismo hizo un acto de apoyo a Alfonsín en Plaza de Mayo, y el peronismo hizo el suyo en Plaza Once, a poco más de veinte cuadras.
En aquella Argentina, en la que la entonces unificada Confederación General del Trabajo realizó nada menos que 13 paros generales de actividad, la misma que luego cayó en la hiperinflación y los saqueos, no había tanta crispación como en la de hoy.
Lo que es paradójico, porque el país está ahora mismo transitando su sexto año consecutivo de crecimiento, que bien podría completar el sexenio de mayor expansión desde que se cuenta con estadísticas macroeconómicas.
Esa paradoja deja de ser tal cuando se constata que el gobierno nacional, el principal responsable de garantizar la paz social, ha sido el principal interesado en instigar la confrontación, en nombre de una lectura de la realidad según la cual lo que está en juego en el conflicto es la antinomia pueblo-antipueblo. Lo que es doblemente paradójico, porque las encuestas de opinión arrojan, en casi todo el país, que la mayoría de los ciudadanos está a favor del "campo".
No en vano la imagen de la presidenta Cristina Fernández cayó más de 30 puntos y las figuras que más han crecido en la estima popular son aquellas percibidas mal o bien, ésa es otra cuestión- como constructivas y componedoras. Lista en la que se puede anotar al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, y al vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.
Aunque carismático, el líder mediático de la protesta rural, Alfredo de Angeli, no es un aglutinante de voluntades positivas, sino un reflejo del hartazgo ante la insaciabilidad fiscal del modelo kirchnerista. La amplitud del apoyo al "campo" expresa también el descontento de amplios sectores de la sociedad con un estilo político soberbio y mandón que, cuando los resultados no le gustan, pretende cancelar la realidad.
El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, demostró por enésima vez esa última característica cuando proclamó ante el Senado que la que informaba el Indec era "la única inflación real". Un día después, la agencia informó que en junio los precios subieron 0,6 por ciento y en la primera mitad del año lo hicieron apenas 4,6 por ciento. Tanto vaya por la esquizofrénica actitud de culpar al "lock out" agrario por una aceleración inflacionaria que oficialmente sigue sin aparecer. Según el Indec morenista, la inflación de 2007 fue inferior a la de 2006, y la actual sigue esa tendencia.
Como sea, es probable que el Senado le otorgue al gobierno la tan ansiada victoria. Así lo sugiere el anuncio, el viernes, del titular de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, el correntino Fabián Ríos, de que el bloque oficialista buscará ratificar, sin cambios, el proyecto con el que la Cámara de Diputados reafirmó el fin de semana pasado la potestad del Ejecutivo de cambiar a piacere las tasas de retención.
A esa percepción de casi segura victoria oficialista, más allá de lo ajustado de los cálculos, contribuye también la incapacidad o falta de voluntad de la oposición de juntarse en torno de un proyecto alternativo. El del senador santafesino Carlos Reutemann se insinuaba la semana pasada como posible aglutinante de las fuerzas anti-K, pero ese potencial no ha sido hasta ahora realizado.
La pregunta del millón es qué Argentina vendrá luego. Aunque se salga con la suya, el gobierno afrontará un escenario de enfriamiento económico, pérdida de popularidad e inflación consolidada en torno del 30 por ciento anual, una tríada desconocida para el kircherismo, que lleva más de cinco años de gobernar con viento a favor.
En ese escenario, la vitalidad del modelo oficial será puesta a prueba. Hasta ahora, la evidencia sugiere que ante las dificultades, más que buscar soluciones creativas, los Kirchner han buscado culpables y se han refugiado en el pasado.
El patético espectáculo del ex presidente en una conferencia de prensa, rodeado de una claque de adulones, fue un ejemplo en ese sentido.
La "recuperación" de Aerolíneas Argentinas, en la probable forma de una "Sociedad Anónima con participación del Estado", es otro, del cual el vergonzoso fracaso de Lafsa, una empresa aérea sin rutas ni aviones que aún vive en los balances K, es su inmediato antecedente.
La sensación de avance seguirá mientras las cuentas den a favor, lo que es cada vez más dudoso. Puede que el matrimonio presidencial evite colisionar con un combo de recesión e inflación descontrolada, pero en el mejor de los casos su modelo parece encaminarse a un escenario de desempeño económico mediocre y política empastada.
Aunque los Kirchner ganen la "guerra" que insistieron en crear a partir de la rebelión fiscal del campo, es dudoso que logren disipar el ocaso. El reagrupamiento de carpas peronistas de otro color es la señal más reveladora de una nueva etapa. Ojalá que no haya sangre. Ni en las movilizaciones del martes, ni por muchos, muchos años.
Sergio Serrichio (CMI)
Cambios en el gabinete
El diario Perfil asegura en su edición de este sábado que tras la votación del proyecto de retenciones en el Senado, el jefe de Gabinete de ministros, Alberto Fernández renunciará al cargo.
"Agotado física y mentalmente y castigado desde lo político, el jefe de Gabinete dará un paso al costado en los próximos días", asegura el diario. "A sus más fieles colaboradores ya les pidió que buscaran trabajo rápido. Está a la espera de que la Cámara de Senadores apruebe las retenciones móviles, lo que sucedería la semana próxima según los cálculos oficialistas. Y no quiere seguir en el cargo cuando llegue la nueva batalla K: el envío al Congreso para su urgente tratamiento de la nueva ley de Radiodifusión. No sería el único relevo gubernamental: también dejaría el cargo el secretario de Medios, Enrique Albistur", agrega el diario en su portada.
Fernández redujo notoriamente su perfil público en las últimas semanas, al compás del endurecimiento del discurso oficial e incluso no se lo vio en los actos por el día de la Independencia.