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NATALIA PANDOLFO
El silencio, la incertidumbre, la energía de un estadio puesta sobre el escenario, sobre ese niño, que debe saltar por sobre tres hombres, uno parado sobre el otro... Los segundos se detienen. De repente, la presión explota en mil aplausos y la música redime tanto nervio contenido: increíblemente, lo ha logrado.
El espíritu del circo se apoderó durante dos días del gimnasio cubierto de Unión, donde unas 3.700 personas disfrutaron, en dos funciones, de una puesta de alta calidad, basada en una composición visual de gran belleza y en aptitudes y habilidades físicas poco frecuentes entre seres de carne y hueso.
Niños y adultos, abuelos y jóvenes asistieron boquiabiertos a una sucesión de demostraciones de talento, arriesgadas acrobacias y complejos movimientos, desplegados magistralmente por los 39 integrantes de la compañía en el espectáculo: "El viento de Ghengis Khan".
Los distintos números trajeron consigo un paseo por la cultura oriental, su música, su estilo. La gente ovacionó cada uno de los desafíos cumplidos; e incluso en aquellos casos en que la prueba no se lograba, fue más fuerte el aliento y la contención hacia los artistas, y fue entonces compartida la satisfacción de la meta alcanzada.
Cuerpos entrelazados rodando por el aire; personas que, en su contorsión, perdían sus siluetas para convertirse en raras y audaces formas; acrobacias con aros, con vistosos estandartes dorados o, simplemente con la elasticidad de brazos y piernas como soporte: en cada caso, la iluminación y la música cumplieron con la misión de dar el aura de misticismo a la prueba. Uno de los puntos cúlmines, en este sentido, fue aquél en que un hombre vestido de blanco cumplió con el eterno sueño de volar.
También hubo demostraciones de destreza, como aquella de los disparos con arco y flecha a blancos móviles, que estallaban en fragmentos de colores. O aquella de disparar con los pies, con exactitud milimétrica.
Cinco mujeres en monociclo, intercambiando platillos que volaban por el aire, brindaron uno de los momentos más graciosos de la noche.
Al intervalo siguió una escena con caños, aunque no en el sentido
La demostración de fuerza física tuvo dos instancias: la primera, con un hombre capaz de sostener la tirantez de un arco de 80 kilos. Previamente, dos personas de la tribuna habían comprobado que se trataba casi de una quimera. La segunda, con un acróbata que sostuvo 100 kilos sólo con su cabeza.
Un número de contorsión con velas y la composición de torres humanas fueron marcando el punto final del espectáculo. El respetuoso silencio ante el momento difícil, las aclamaciones ante cada logro, las expresiones de conmoción fueron virando hasta convertirse en aplauso cerrado. Sobre el escenario, los artistas se sumaron a la ovación. Habían pasado más de dos horas de magia y belleza.
Función gratuita
3.550 chicos que concurren a comedores, jardines, talleres y escuelas deportivas municipales pudieron disfrutar del espectáculo en una función gratuita, realizada el jueves por la tarde. La actividad fue promovida por las secretarías de Cultura y Desarrollo Social de la Municipalidad.