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El capítulo iniciado a partir del desafortunado anuncio de la Resolución 125 parece estar llegando al final. Aunque el gobierno evite mencionar términos tales como "derrota", "campo" o "derogación", el generalizado rechazo social a esta medida lo obligó a detener un rumbo que parecía inmodificable. Sin embargo, los próximos capítulos de la historia por venir no están escritos. Por lo tanto, nada garantiza que no se repitan los mismos errores. De allí, la importancia de que la presidenta de la Nación haya comprendido que durante los últimos meses se cometieron demasiadas equivocaciones en el modo de ejercer el poder. De hecho, las clases medias urbanas salieron a las calles para reclamar respeto, diálogo y sentido común. Ahora, los representantes del campo están pidiendo un cambio en los interlocutores. En primer término, insisten en reclamar un contacto directo con Cristina Fernández de Kirchner. Y es que, durante este conflicto, el esposo de la presidenta asumió un protagonismo excesivo que, seguramente, perjudicó a la primera mandataria. Néstor Kirchner deberá comprender que su gestión terminó en diciembre de 2007. No queda del todo claro si ambos piensan de la misma manera. Muchos dan por sentado Ätal vez de manera apresuradaÄ que Cristina es una dirigente más racional y dialoguista. Si así fuera, pues entonces ella deberá ser capaz de ocupar el rol para el cual fue elegida hace apenas seis meses. Si así no ocurriera, tendrá que ser lo suficientemente inteligente como para aprender de las equivocaciones cometidas. Pero éste no es el único cambio de interlocutores que el campo espera. En estos últimos cuatro meses de negociaciones fallidas, el gobierno utilizó a colaboradores que han perdido todo grado de credibilidad. Hombres que prometieron medidas que no se cumplieron, que agredieron verbalmente y que hicieron del apriete y la amenaza sus herramientas preferidas. A este gobierno le quedan tres años y medio de gestión en los cuales se le plantea, al menos, dos alternativas: buscar la manera de vengar esta derrota política; o modificar su modo de ejercer el poder planteando nuevos ejes de gestión y comprendiendo que, negar los problemas, no es la mejor forma de solucionarlos. Plantear nuevos ejes de gestión no debería ser una tarea complicada. Hay mucho por hacer y el contexto internacional vaticina un importante ingreso de divisas, sobre todo si se permite a los sectores agropecuario y agroindustrial trabajar con tranquilidad. Si se garantiza un marco de certidumbre política y jurídica, se podrán aprovechan las enormes energías aún latentes en un país acostumbrado a renacer. En cambio, dejar de ocultar los problemas requerirá de una verdadera transformación en la forma de hacer las cosas. La ciudadanía ya no tolera que se le mienta cuando se comunican los índices de inflación o cuando se intenta crear fantasmas desestabilizadores a modo de chivos expiatorios para cada problema que se presenta. Después de tanta confrontación, el gobierno sólo consiguió volver al mismo punto de partida del 11 de marzo pasado. La historia por venir no ha sido escrita. Lo importante será no repetir errores del pasado. |