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Miguel Ángel Bravo Las enfermedades del corazón han significado la principal causa de mortalidad en el mundo occidental durante gran parte del siglo XX. Dentro de los diferentes elementos que confluyen para dañar a dicho órgano destacamos la presión arterial elevada o hipertensión arterial. Se consideran valores normales 135 mm hg como máxima y 85 mm hg como mínima. Superadas estas cifras estamos en presencia de hipertensión arterial, denominada la "Asesina silenciosa", por sus implicaciones como factor determinante en la producción de infartos de corazón, cerebro y hemorragias cerebrales (derrames) sin previo aviso. En la República Argentina, aproximadamente el 30 % de la población sufre de esta afección y cerca del 40 % lo desconoce. Se incluye un gran porcentaje de personas de la tercera edad cursando cifras elevadas de presión arterial. Durante mucho tiempo, en los ámbitos médicos se consideraba que cifras altas en este grupo etario no debían recibir tratamiento, lo consideraban un proceso normal. Estudios recientes realizados en Inglaterra por afamados científicos destacaron la importancia del tratamiento de la presión arterial en ancianos, llegando a la conclusión de que, haciendo descender sus cifras, disminuirían anualmente un 40 % las muertes por infartos y hemorragias cerebrales y un 64 % por infartos de corazón. Dentro de las sugerencias para personas con tendencia al exceso de presión arterial, cabe consignar las siguientes: -Disminuir considerablemente la ingesta de sal (cloruro de sodio). Además de la contenida en el salero de mesa, recordar que se encuentra en altas concentraciones en: fiambres y embutidos , quesos (especialmente los de cáscara dura), caldos en cubitos, alimentos envasados y enlatados. -Controlar el peso corporal. E sobrepeso y la obesidad predisponen a la hpertensión arterial; por consiguiente, la pérdida de tejido graso contribuye a disminuir las cifras. - Evitar el tabaquismo. Considerado un factor de riesgo generador de hipertensión arterial, además de predisponer a enfermedades cardíacas (infartos), cerebrales y pulmonares, entre las más frecuentes. - Realizar actividad física. Se ha comprobado científicamente que la actividad física, especialmente caminatas, andar en bicicleta y/o nadar 3 veces por semana, disminuiría considerablemente las cifras de tensión arterial, tanto máxima como mínima. Es importante consignar que antes de llevar a cabo dicha actividad física se deben efectuar controles médicos correspondientes. - Combatir el estrés. Se denomina así a la gran tensión psicológica y social que sufre un gran porcentaje de ancianos en nuestro país, que actúa en numerosas ocasiones como disparador de hipertensión arterial. Se sugiere controlar las consecuencias muchas veces nefastas de estos procesos modificando el estilo de vida y atemperando la conducta emocional. -Beber moderadamente alcohol. No exceder 2 vasos de vino (preferiblemente tinto) por día, ya que el exceso en la ingesta conduce a elevar cifras de tensión arterial. Cabe destacar que una gran población de ancianos, en invierno especialmente, suelen medicarse con descongestivos nasales y antigripales, medicamentos que no son inocuos; muy por el contrario, en determinados casos aumentarían la presión arterial. En la actualidad, considero que se deben tratar con las medidas anteriormente enunciadas y/o con medicamentos a todos aquellas personas añosas con cifras compatibles de hipertensión arterial. |