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José Luis Pagés
Un adolescente, menor de 17 años de edad, cayó muerto anoche -acribillado a balazos-, en la esquina que forman las calles Artigas y Brasil. Poco antes de las 20 Gabriel Fernández cruzó avenida Perón en compañía de tres amigos y caminó cien metros al este sin imaginar siquiera que al llegar a la bocacalle lo alcanzaría la moto en la que se conducían los asesinos.
Los seis estampidos que siguieron al inesperado encuentro terminaron en el acto con la vida de Fernández quien, con cuatro tiros que le dieron en la cabeza, se desplomó sobre el pavimento.
El ruido de las armas alertó a los policías que cuidan la panadería El Fortín, donde tiempo atrás una banda robó y fugó dejando encerradas en la estufa del horno a varias personas que milagrosamente pudieron ser rescatadas de una muerte segura.
Esos agentes de la URI dieron aviso a la Seccional 6a.y el personal de esa dependencia llegó al lugar para comprobar que, como consecuencia del alevoso ataque, ya nada podrían hacer los socorristas por Fernández, únicamente restaba que el médico policial examinara el cadáver.
Junto al médico de la repartición -quien contó seis agujeros de bala en el cuerpo de la víctima-, los peritos de la policía científica trabajaron en la búsqueda de huellas y rastros, mientras que los tres jóvenes que habían acompañado a Fernández fueron llevados a la comisaría del barrio Barranquitas para ofrecer su versión del hecho.
Cuando el personal de la URI cumplía con esos trámites de rutina desde Barranquitas Oeste, más precisamente desde calle Juan de Solís al 4500, llegaron noticias de un intenso tiroteo que sostenía un grupo fuertemente armado contra los ocupantes de una vivienda. El enfrentamiento que tenía lugar a escasas cuadras de la escena del crimen hizo suponer acertadamente que al cobarde asesinato seguía el intento de hacer justicia por mano propia. En la casa que estaba siendo atacada vivían dos hermanos de unos 28 a 30 años de edad con quienes Fernández habría mantenido una vieja enemistad.
La policía, impuesta de la situación, ingresó a Barraquitas Oeste y puso en fuga a los atacantes, al tiempo que apresó a un hombre que podría tener relación con uno y otro incidente. Por lo demás los peritos de Jefatura encontraron en la escena pruebas reveladoras de una feroz contienda. El tiroteo que aparentemente no arrojó víctimas, incluyó el empleo de armas de grueso calibre, escopetas y pistolas idénticas a las de uso reglamentario en los organismos de seguridad. Cápsulas y cartuchos servidos, plomos de 9mm. y cartuchos calibre 16 quedaron esparcidos en el suelo, adentro y afuera de la casa atacada.
En horas de esta mañana los agentes de la Sección Homicidios seguían trabajando en las calles de Barranquitas, pero la búsqueda de los hombres que figuran en la lista de sospechosos se extendía a otros barrios de nuestra ciudad.
Los investigadores del caso dijeron desconocer qué oscuro motivo había impulsado la acción criminal, pero no es un dato menor que en la zona sean frecuentes los conflictos originados alrededor del tráfico drogas y la actividad prostibularia.