Las cosas no son tan simples
Laura Osti
"Cordero de Dios", primer largometraje de Lucía Cedrón, tiene la virtud de hacer un planteo audaz de uno de los mayores males argentinos: la extrema violencia.
El guión, de la propia Cedrón y Santiago Giralt, con la colaboración de Thomas Thilippon Aginski, entreteje, a través de una historia familiar, una trama compleja: a partir del secuestro de un hombre mayor y del pedido de rescate a su nieta, una joven que vive en Buenos Aires, la historia va para atrás, más precisamente al año 1978, pleno proceso, época en que comenzaron las desgracias en esta familia.
La nieta, Guillermina, es la que aporta la mirada más desprejuiciada y por eso el guión prácticamente adopta su punto de vista, para contar un relato dramático, complejo, difícil de discernir, no sólo para los propios protagonistas, sino, tal vez, para todo un país.
Los padres de Guillermina, en la década del "70, tenían actividades vinculadas con los grupos que fueron perseguidos y exterminados por el gobierno militar de entonces. Como consecuencia de esos vínculos, que el abuelo (padre de la madre) veía con la mayor preocupación, un día nefasto para la niña, porque coincide con su cumpleaños número cinco, desaparece su madre y su padre es asesinado.
Esto se va conociendo mediante sucesivos flashbacks durante el transcurso de la película, cuya narración está estructurada con alternativos saltos en el tiempo entre la actualidad y ese pasado, hasta que finalmente -con la correspondiente intriga-, los cabos sueltos parecen atarse y lo que está pasando ahora seguramente tiene algo que ver con lo pasó entonces, aunque no quede demasiado claro ni explícito.
El secuestro sucede en los comienzos del año 2002, cuando la Argentina atravesaba la última de las grandes crisis de su historia reciente. El secuestrado es un veterinario de clientes adinerados: hacendados, dueños de haras de purasangres, lo que le ha permitido tener un buen pasar.
Su hija, sobreviviente de aquella desaparición forzada en 1978, está exiliada en Francia y su nieta, su única familia en la Argentina, es quien se pone al frente de las negociaciones con los captores para intentar su liberación.
La joven llama a su madre, quien viene a Buenos Aires, aunque no parece muy dispuesta a hacer mucho por su padre. Algo oscuro sobrevuela sobre esta familia, algo no dicho, verdades mucho tiempo ocultadas que ahora empiezan a pujar por hacerse visibles, o al menos, por ponerse en palabras.
Esta nueva crisis violenta a la que se deben enfrentar servirá para sincerar aspectos de la historia familiar, inscriptos en la historia social de un país convulsionado y dividido. Este nuevo desgarramiento, con su desenlace de algún modo satisfactorio, podría significar, sin embargo, el inicio de otra etapa, con menos rencores, menos oscuridades y más unión, entre los tres integrantes de la familia.
Se pueden advertir algunos altibajos en el guión y también en la dirección actoral, que debilitan un tanto al filme. Pero "Cordero de Dios" tiene la virtud de expresar una mirada diferente, valiente, sobre todos estos procesos históricos sociales que han desgarrado a la sociedad argentina en la década del "70 y que hoy siguen manifestándose a través de secuelas, que si bien son fácilmente identificables con acciones delictivas, sus connotaciones ideológicas no resultan tan evidentes, ni tan manifiestas.
Ese es el valioso aporte de la película de Cedrón (hija de Jorge Cedrón, director de "Operación masacre" y muerto en circunstancias confusas en su exilio en Francia), quien se atreve a sugerir otras interpretaciones acerca de nuestra realidad y de nuestro pasado reciente. Como diciendo "ojo, que las cosas no son tan simples".
Ídem. Argentina/2008. Dirección: Lucía Cedrón. Guión: Lucía Cedrón, Santiago Giralt. Fotografía: Guillermo Nieto. Montaje: Rosario Suárez. Música: Sebastián Escofet. Producción: Lita Stantic. Con Mercedes Morán, Jorge Marrale, Malena Solda, Leonora Balcarce, Juan Minujín, Ariana Moroni, Manuel Vignau, Horacio Peña, Luis Sabatini. Hablada en español. Presentada por Alfa Films. Duración: 90 minutos. Calificación: para mayores de 13 años. Se exhibe en el América.