Opinión: OPIN-04No las une el amor sino el espanto
Una es Cecilia Pando y la otra Hebe de Bonafini. Son dos caras de una moneda. Extremos opuestos ... iguales. Extremas en sus creencias y defensas, opuestas en sus ideas y criterios, iguales en sus formas de agresión que bordean la locura. Representan minorías virulentas a las cuales la mayoría de la sociedad preferiría no escuchar. Pero están, y copan titulares en los diarios y minutos en la televisión. Millones de argentinos no saben de qué hablan pero sin embargo deben someterse al triste espectáculo de sus vociferantes apariciones. Ambas refieren a la nefasta época de los "70, pero no son capaces de analizarla desde una óptica despojada de pasiones y mucho menos de mirar los hechos desde todos los ángulos. Quizás los motivos de ambas sean legítimos pero, el tiempo y otros intereses los fueron desvirtuando. Quizás también compartan el hecho de ser utilizadas por sectores minoritarios cuyo objetivo final es conseguir la destrucción de la débil trama social que une a los argentinos. Para ese proyecto son herramientas tan necesarias como efectivas. Bonafini promete mil muertes a los oligarcas -sean del tipo que fueren-, Pando quiere las cabezas de los soldados de Bonafini que cortan los cuellos de los oligarcas. Triste y ridículo epílogo para dos mujeres que se piensan inteligentes y líderes de dos movimientos contrapuestos: el de los desaparecidos y el de las víctimas de la subversión. Una discusión sin retorno las envuelve: mientras que una reclama por 30.000 NN, la otra dice que apenas fueron 5.000 y que la lista de las víctimas de la guerrilla ostenta un número similar. En cualquiera de los casos, la imagen agresiva, provocadora y violenta que esgrimen, está lejos de la debida justicia para los muertos de uno y otro lado. En los albores del siglo XXI, no puede concebirse semejante primitivismo. Patoteras de profesión, las dos muestran una cara lamentable que la gente de paz detesta y sobre todo, son un ícono que avergüenza a las mujeres que por décadas se han esforzado por demostrar que, sin agredir ni provocar y con inteligencia, son capaces de asumir roles sociales que antes eran exclusivos del sexo opuesto.