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Cultura
Edición del Jueves 14 de agosto de 2008
Cultura: CULT-01 Viajando con Borges

"¿Qué era un atlas para nosotros, Borges?", escribe María Kodama. "Un pretexto para entretejer en la urdimbre del tiempo nuestros sueños hechos del alma del mundo. Antes de un viaje, cerrados los ojos, juntas las manos, abríamos al azar el atlas y dejábamos que las yemas de nuestros dedos adivinaran lo imposible, la aspereza de las montañas, la tersura del mar, la mágica protección de las islas. La realidad era un palimpsesto de la literatura, del arte y de los recuerdos de nuestra infancia, tan semejante en su soledad".

Los numerosos viajes que realizaron juntos María Kodama y Jorge Luis Borges, le inspiraron a él una serie de textos memorables y a ella un nutrido conjunto de fotografías, que conformaron un libro publicado originalmente en 1984, y que ahora Emecé reedita incorporando nuevo material fotográfico y notas de Kodama.

Desde las vísperas de un viaje -que ya son parte del viaje- a un viaje en globo; desde una visita a la memoria que lleva a una escalera en la porteña Laprida 1214, y al saludo de Xul Solar que espera arriba, a un accidente (una quemadura de primer grado en el pie, que obliga a Borges a permanecer en un hotel de Madrid diez o doce días, y que lo arrastra, recordando a William Blake, a una pesadilla que subdivide ese lapso de días en minutos que constan de sesenta y tantos palacios de oro con sesenta y tantas puertas de hierro); del viaje de un sueño al viaje que Wilde le confesó a Gide haber deseado hacer: Yo quería conocer el otro lado del jardín ... "Descubrir lo desconocido no es una especialidad de Simbad, de Erico el Rojo o de Copérnico. No hay un solo hombre que no sea un descubridor. Empiezo descubriendo lo amargo, lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero, los siete colores del arco y las veintitantas letras del alfabeto; pasa por los rostros, los mapas, los animales y los astros; concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia", anota Borges.

Poemas y prosas se intercalan con las fotos que en verdad no buscan ilustrar ni ser ilustradas, y en los que la historia y la imaginación dan certeramente en el centro de un presente pautado por un fugaz aleteo. Así, leemos por ejemplo en "El desierto" : "A unos trescientos o cuatrocientos metros de la Pirámide me incliné, tomé un puñado de arena, lo dejé caer silenciosamente un poco más lejos y dije en voz baja: estoy modificando el Sahara. El hecho era mínimo, pero las no ingeniosas palabras eran exactas y pensé que había sido necesaria toda mi vida para que yo pudiera decirlas. La memoria de aquel momento es una de las más significativas de mi estadía en Egipto".

Lo mínimo y lo inabarcable

Lo mínimo y lo inabarcable tienen lugar en este "Atlas". Una brioche comprada en la panadería Aux Brioche de la Lune puede concebirse como el arquetipo de la brioche. La visión de un puñal de Pehuajó dicta una milonga que canta en una estrofa: "Lo estoy mirando, preveo/ un porvenir de puñales/ o de espadas (da lo mismo)/ y de otras formas fatales". O la increíble Venecia de cristal y crepúsculo con sus ríos como caminos con "las enlutadas góndolas que tienen algo de enlutados violines y que también recuerdan la música porque son melodiosas".

Las obsesiones de Borges le inspiran, una vez más, los mejores textos del volumen: uno habla del encuentro real con un tigre de carne y hueso ("No diré que ese tigre es más real que las formas de un sueño, pero quiero agradecer aquí a nuestro amigo, ese tigre de carne y hueso que percibieron mis sentidos esa mañana y cuya imagen vuelve como vuelven los tigres de los libros").

El otro texto habla del laberinto, y resulta un ejemplo magistral de la noción más perfecta que se haya registrado para definir al arte, y que según los conceptos en boga en los distintos períodos de la teoría del arte adquiere distintas formulaciones, pero que en síntesis podemos presentar así: arte es toda creación en la que forma y contenido (o lenguaje y semántica, etc.) se identifican. Y pocos ejemplos, decíamos, más atinentes para ilustrar tal noción, que este texto sobre Borges titulado "El Laberinto", y en la que una misma frase se repite, creciendo hasta ahogarnos, así como los pasillos siempre idénticos de un laberinto se repiten hasta perdernos.

El texto dice: "Este es el laberinto de Creta. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto".

De la Redacción de El Litoral





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Jueves 14 de agosto de 2008

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