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Economía
Edición del Lunes 18 de agosto de 2008
Economía: ECON-02
EMPRESARIOS & EMPRESAS
UIA: el dólar de la discordia
Un cortocircuito en el más alto nivel de los industriales argentinos trajo a primer plano las diferencias de criterios entre sectores empresarios. Pese a los esfuerzos por bajar los decibeles, la cuestión está instalada, y en ella asoman componentes políticos.

Félix Canale

Durante la semana pasada, dos máximos dirigentes de la Unión Industrial Argentina extraviaron su tono mesurado. Todo comenzó a principios del mes, cuando Ignacio de Mendiguren, como presidente de la Cámara de la Indumentaria, afirmó que era necesaria la "normalización urgente" del Indec y estimó que la inflación real acumulada es de 25 por ciento.

El propietario de la empresa Texlona dijo que ésos eran los números que confrontaba en su propia compañía. Pero, el caso es que De Mendiguren también es vicepresidente de la UIA y los medios nacionales interpretaron sus declaraciones como un reclamo formal de la central fabril.

La ola llegó hasta el eje del poder y pocas horas después el ministro del Interior, Florencio Randazzo, responsabilizó al sector empresarial por la inflación, al tiempo que respaldó los números del Indec. Una lógica muy particular, según la cual la inflación tiene responsables, pero al mismo tiempo no existe.

Las versiones

Todo comenzó a moverse a ritmo de vértigo. Alguna prensa underground (sólo en Internet) aseguró que la movida del empresario textil respondía a un plan devaluacionista (un dólar a 3,50 ó 4 pesos) urdido en connivencia con los equipos del Movimiento Productivo de Eduardo Duhalde. Con ese entorno, De Mendiguren aspiraría a una diputación para 2009.

Cierto o falso, algunos medios especializados incluyeron el adjetivo devaluacionista para identificar al sector que apoya al vicepresidente de la UIA. Primera conclusión: no se sabe cuántos lo acompañan, pero De Mendiguren no está solo.

En paralelo, el presidente de los manufactureros, Juan Carlos Lascurain, molesto porque las declaraciones de su vicepresidente que alteran la cuidada y difícil relación de la UIA con el gobierno, salió a la palestra para decir que "seguramente Ignacio está buscando ser candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires".

La réplica del vicepresidente fue inusualmente vitriólica, dado el tipo de entidad a la que ambos pertenecen. La tibieza de Lascurain con respecto al Indec obedecería Äsegún De MendigurenÄ a que "tiene compromisos con el Estado". Distintos medios consignaron que Lascurain es presidente de Fainser, una compañía que ganó la licitación para construir una central eléctrica en Villa Gesell, a un costo de 90 millones de dólares.

Los sectores

No existe memoria reciente de que un dirigente industrial lance, públicamente, tal manto de dudas sobre otro referente de la misma organización. Una explicación posible es la proverbial locuacidad de De Mendiguren. Pero, otra es que ha decidido quemar sus naves, con la seguridad de que cuenta con fuerza suficiente. De hecho, Lascurain ofreció renunciar a su cargo, el martes 12, durante la reunión quincenal de la directiva de la UIA.

Horas antes de esa reunión, El Litoral consultó a un directivo de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), quien, a título personal, dijo que no creía que se produjese una ruptura y que privaría el sentido común, según el cual no es bueno sacar los pies del plato en un momento en que se trata de negociar rectificaciones por parte del gobierno.

En definitiva, ésa fue la posición final de la cúpula empresarial. Pero la presión de las delegaciones del interior por endurecer posiciones ya es manifiesta. Por una parte, Carlos Capisano, presidente de Fisfe declaró a la prensa, el martes 12, que "hay algunos sectores que están peor que en la convertibilidad".

El día anterior, la Unión Industrial de Córdoba (UIC) difundió los resultados de una encuesta, según la cual el 54 por ciento de los empresarios cordobeses dijo que la industria no es competitiva al tipo de cambio actual y consideró que el valor competitivo sería de 3,54 pesos por dólar.

Los márgenes

Más allá del esfuerzo de la UIA por no ventilar en público sus contradicciones internas, durante el fin de semana quedó expuesta una neta divisoria de aguas. En una margen, acampan De Mendiguren (a quien su adversarios tildan de proteccionista) y, según versiones, el empresario papelero Héctor Massuh, además de las cámaras del calzado, la textil e indumentaria (que preside De Mendiguren) y la del cuero, que propugnan una fuerte devaluación.

En la margen contraria, se encuentra el sector liderado por Lascurain (a quien sus adversarios imputan ser un delegado de Techint), respaldado por los sectores de la metalmecánica y la metalurgia, que desde una perspectiva desarrollista pretenden influir en una reformulación del modelo sin confrontar con el gobierno.

Pero las aguas bajan turbias. En la página web de la Fundación Pro Tejer, que defiende intereses del sector textil al que pertenece De Mendiguren, el sábado 16 se incluyó una nota, tomada de Infobae Profesional, (siempre muy informado sobre el pensamiento del dirigente) que tiene un título explosivo: "Defraudada por la UIA, la CGERA lanza su mesa Pyme".

La CGERA (Confederación General Empresaria de la República Argentina) es un núcleo de empresarios Pymes que conduce el diputado oficialista Marcelo Fernández, quien también es coordinador nacional de la Agrupación Empresaria del Partido Justicialista.

En la misma página web Äy siempre citando a InfobaeÄ, se incluyen declaraciones de De Mendiguren en las que niega tener contactos con el duhaldismo o aspirar a una diputación en 2009. Además dice: "Sí, quiero asegurar enfáticamente que no quiero saber nada con la política. Y los que creen que tengo una actitud confrontativa con el gobierno son unos ignorantes".

Una brecha difícil de blanquear

En la pasada semana la discusión se centró, con una enorme carga de motivaciones políticas, sobre la continuidad o desplazamiento del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Más allá del destino administrativo que tenga el controvertido funcionario, la cuestión real es la urgencia por blanquear las estadísticas del Indec.

El último informe de este instituto sobre el IPC, donde muestra deflación de algunos artículos de la canasta básica, llevó a que muchos medios titularan socarronamente la noticia. La credibilidad sobre el organismo sencillamente no existe y hacia el fin de semana se daba por hecho alguna forma de reorganización.

Pero aún suponiendo que el gobierno central logre superar el autismo del que adolece, el blanqueo de los índices será dificultoso, dada la brecha existente entre los números oficiales y los reales.

Para el Indec, durante 2007 el aumento de los precios al consumidor fue de 8,5 por ciento, mientras los cálculos privados lo colocan en no menos de 20 por ciento. La brecha fue de 136 por ciento. En lo que va de 2008 los precios se incrementaron en 5 por ciento, según el organismo oficial, mientras que los economistas privados estiman un aumento del 17 por ciento promedio.

Se especula con que un "nuevo" Indec podría convalidar incrementos mensuales de 1 por ciento hasta fin de año, con lo que la inflación oficial anual se colocaría entre 10 y 11 por ciento. Aplicando linealmente ese mismo incremento mensual sobre los cálculos privados, 2008 cerraría con 22 por ciento de inflación. La brecha, aunque menor, sería de 100 por ciento.





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