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Escenarios & Sociedad
Edición del Martes 19 de agosto de 2008
Escenarios & Sociedad: SOCI-06
Festival de la luz
La complicidad como una clave en la obra de Graciela Iturbide
Por Dolores Pruneda Paz

La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide expone en el Centro Cultural Recoleta imágenes de su libro "Ojos para volar", entre las que privilegió autorretratos y una historia sobre la muerte en la que una vez más lo subjetivo juega un papel clave y la cámara es un pretexto para conocer el mundo.

"Para mí la fotografía es como la vida, la cámara es el pretexto: sales a la calle, te encuentras con mil cosas que no imaginabas y ahí empiezan las series", dijo a Télam la fotógrafa reconocida por sus trabajos sobre la cultura indígena de su país.

Esta muestra, que llegó a Buenos Aires en el marco del XV Festival de la Luz, es una selección más acotada de la que se presentó en Texas y el en DF, a partir del libro, ilustrado con fotografías de la artista, aportadas por tres coleccionistas de imágenes sobre México y del sur de Estados Unidos.

"La verdad que yo soy muy egoísta con mi trabajo, no me hago ningún planteo antes de comenzarlo. Es muy subjetivo, sale de mi problemática o de mis emociones porque la fotografía no puede ser objetiva, la cámara es el ojo de cada quién", resumió la ganadora del premio Hasselblad 2008.

El libro que editó la Universidad de Austin a partir de una entrevista que le realizó Connie Todd lleva el nombre de "Ojos para volar", a propósito de un autorretrato en el que ella aparece con pájaros pintados en los ojos.

"Lo más importante es el contacto y la complicidad con la gente pues te vuelve un poco invisible y puedes moverte como amiga donde estés. No es que diga desde el principio voy a fotografiar a tal, no tengo premisas. Vivo en los pueblos, vivo en los lugares que voy, van saliendo cosas y al final todo se arma, como este libro. Yo salgo con mi cámara y ...", señaló Iturbide.

Para esta exposición quitó fotos. "No tenía caso ponerlas muy apretadas -consideró- las salas de Buenos Aires son más pequeñas. Elegí los autorretratos y una historia que tiene que ver con la muerte y los pájaros, con la libertad.

"Venía fotografiando angelitos, como se le llama a los niños muertos, hasta que en el camino encontré un señor que era muerte, mitad calavera y mitad vestido, lo picoteaban unos pájaros. Lo fotografié y después vi a esos pájaros volando y sentí cómo que la muerte me dijo "ya, hasta aquí llegaste', y ahí empecé mi libro de pájaros", repasó la discípula de Manuel Alvarez Bravo.

Momentos personales

Los momentos personales juegan un rol significativo para la creación de sus trabajos, como cuando comenzó -a mediados de los 80- a retratar la vida de los mexicanos ilegales de Los Angeles, quienes se autodefinen como cholos, de la misma manera que en México se nombra despectivamente a los indígenas.

"Esos cholos eran primos de una amiga pintora, 20 años después tuve la posibilidad de volver a ver a uno de ellos y me pidió que los siguiera fotografiando pero sentí que no, que ya había pasado el momento. Además me daba tristeza -dijo-, uno estaba en la cárcel, al otro se le había incendiado la casa".

En el este de Los Angeles viven los chicanos, que son los mexicanos politizados, y los cholos, los hijos de mexicanos sin papeles que nacieron allí, "y la mayoría termina formando parte de alguna pandilla y visitando el barrio La Soledad, al que le dicen La Chole, adonde van por las noches a fumar crack", contó.

"Este es un tema muy interesante que en ese momento hubiera seguido, pero ahorita mismo me da tristeza ver la vida de cada uno de ellos que están dispersos, acumularon más tragedias y tienen a sus niños sin esperanza: sus abuelos fueron pachucos (inmigrantes mexicanos de la década del 20), sus padres cholos y ellos serán cholitos hasta que crezcan", mencionó Iturbide.

En Santa Fe

El único viaje de trabajo que la artista realizó a Argentina fue en 1989 cuando la agencia francesa Vu la envió para hacerle fotos al escritor Juan José Saer, a quien fotografió en Santa Fe, durante un asado junto amigos y otros poetas.

"Habrán de haber creído que Argentina estaba cerca de México", se rió Iturbide y relató que en esa breve visita tomó la famosa foto "Gaucho", de un hombre "que de casualidad estaba ahí".

Su búsqueda, que comenzó con la exploración de la cultura mexicana, "luego se extendió al mundo", a países como Brasil, Madagascar e Italia.

En la isla de Cerdeña prepara un estudio "sobre lo seco, la piedra, los cardos, no sobre su gente", relató, a diferencia de los trabajos anteriores pero con una constante, "adentrarse" lo más que puede en la particularidad de cada región.

También está preparando un libro con retratos que tomó desde el inicio de su carrera y en el que incluye un trabajo con grandes artistas mexicanos como el fallecido pintor Julio Galán, Francisco Toledo, el grabador y escultor Luis Cuevas o su maestro Alvarez Bravo.

"Con Toledo tengo muchas fotografías en las que inventa cosas conmigo, como un murciélago en los ojos; de Cuevas recuerdo cuando decía que se iba a morir y puso todos sus autorretratos en la cama; Galán mandó a hacer unas alas grandes y nos fuimos al río", recordó la artista.





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