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Deportes: DEPO-12
En el final de los Juegos comienza el período de las conclusiones
Londres 2012, modelo para armar
El puñado de medallas conseguido por nuestros deportistas en Beijing debe ser indudablemente el punto de partida para la construcción de un nuevo modelo deportivo.
Cuando aún resta disputarse un solo el partido para dirimir la cosecha final de medallas de nuestra delegación -el bronce al que intentará acceder el básquet en su enfrentamiento contra Lituania- es el momento indicado para las reflexiones que nacen, a partir de la actuación argentina. Si de matemáticas se trata, podemos decir que Beijing fue "bueno" como Atenas: dos oros y tres o cuatro bronces, lo mismo que en la edición anterior. En el campo de los sentimientos, también podemos afirmar que la tarea está cumplida: la pasión futbolera del pueblo fue nuevamente recompensada con el título olímpico del sub 23, a lo que se suma el histórico triunfo de Pérez y Curuchet en el ciclismo de pista, una disciplina que sin dudas representa la otra cara de nuestro deporte, la que diariamente lo hace todo en silencio y de la que nos enteramos cuando pasan estas cosas. Ahora bien, en el frío estudio que merece realizarse en cuanto a rendimientos, debemos sacar al fútbol y el básquet (independientemente del resultado de mañana), porque desde el primer momento manifestamos que no se pueden incluir en la balanza que mide en forma justa el estado en que se encuentra nuestro deporte, con equipos formados por súper profesionales que viven en "otro mundo". Muchos podrán decir que alguna vez estos jugadores son el resultado de la implementación de la política deportiva argentina. Nada que ver el fútbol, que tiene una estructura propia, la que se lleva el mundo por delante sin importar lo que pase en el deporte argentino. Tal vez en el básquet se tenga una pequeña cuota de merecimiento, porque al menos en lo que a mí me consta por la experiencia en la función pública, el estado auxilia con recursos económicos el desarrollo del básquet formativo, sin tener intervención en las decisiones tomadas por los dirigentes. Pero bueno, no nos apartemos del tema y digamos que lo que acaba de pasar en China -como de costumbre- es una oportunidad increíble para revisar qué fue lo que se hizo mal e intentar corregirlo, pero por sobre todas las cosas, qué fue lo que salió bien, y a partir de allí poder estudiar el porqué y copiarlo sin perder el tiempo.
Curuchet, ejemplo del deporte
Quiero empezar mencionando y reconociendo a Walter Pérez por el oro que obtuvo en el velódromo, que le da a nuestro país el primer título olímpico en deportes individuales después de 56 años, desde aquel logro de Guerrero-Capozzo en remo. Francamente, es una proeza que pocos esperaban, aunque también debo reconocer que cuando ese día de la competencia los periodistas hicimos nuestra agenda de ruta de la fecha, no dudamos en cerrar la jornada con nuestra presencia en la pista; un campeonato mundial y la extensa trayectoria plagada de títulos obligaban, al menos por respeto, acompañar a la dupla finalmente campeona. Digo respeto porque Juan Curuchet sumó en Beijing su sexto juego, un deportista que con 43 años aún sigue dando batalla. Creo que el marplatense tuvo el final soñado para su carrera deportiva, más allá de haber tenido varios tragos amargos con relación con su participación en las distintas ediciones de este evento, sobre todo en la última de Atenas, en la cual, viniendo de conseguir el campeonato del mundo en Australia ese mismo año, todos sin excepción nos relamíamos considerando lo que era una medalla segura; fueron novenos. Creo que él dijo una de las frases que me quedarán grabadas indudablemente de estos Juegos: "Ojalá que esto sirva de ejemplo para toda la juventud". Qué placer da escuchar esto de un deportista que apenas bajado de la bicicleta y convertido en el atleta más importante del deporte nacional, dedica sus primeras palabras a los chicos y lo que el deporte pueda representar para ellos. Lo de Curuchet es extraordinario en todo sentido, no sólo por la actividad física, sino por la historia de vida que representa y las miles de enseñanzas que puede dejar una persona que, con esfuerzo, consigue llegar a la meta. Por ello, éstos son los momentos y las grandes oportunidades que tienen y deben saber aprovechar nuestras autoridades. Ahí tienen tarea para el hogar, cómo hacer para sacar rédito a esta proeza hecha por un deportista de 43 años, campeón olímpico. Pero la oportunidad no pasa por recibir al gran campeón para sacarse una foto y figurar, sino por comprobar que en la Argentina existe materia prima, aunque el tema es desarrollarla.
El bronce de Pareto
Remarco lo de la foto del párrafo anterior, porque tengo el gran temor de que cuando la presidenta recibió a Paula Pareto haya sido solamente para estar al lado de una personita que se transformó en gigante tan lejos, un momento que desde el punto de vista político no se puede desaprovechar. Cuántas veces he escuchado "le daremos todo el apoyo posible", y después a las palabras se las lleva el viento. Seguramente la judoca -medalla de bronce en la primera jornada- tendrá aumento en su beca y cuatro años por venir de los mejores, al menos en trascendencia y exposición. Tal cual le pasó a Bardach después de Atenas 2004. Ella es la que se llevó todo, y sin embargo la natación de nuestro país involucionó a pasos agigantados: hoy la disciplina tiene doble conducción dirigencial, atravesando una crisis institucional inédita. íQué poco inteligente que somos a veces! Por eso, es importantísimo también prestarle atención a las palabras de Pareto, quien le pidió a la p"presidenta más apoyo para el deporte. Para nada egoísta, ella fue a ver a Cristina con una sola cosa en la cabeza: que todos los deportistas tengan el apoyo que merecen.
Las Leonas y Espínola, brillantes
Otro ciclo que concluye en forma exitosa, con la tercera medalla olímpica consecutiva. Tal vez el hockey sea la expresión más contundente del rumbo que queremos tomar en materia deportiva. Ellas nos han demostrado una vez más que con talento, fuerza, empuje, garra y profesionalismo al momento de entrar a la cancha, todo se puede. Son un equipo que saben para dónde van, qué es lo que quieren, y así los resultados. ¿No podemos sacar un modelo para armar en base a este ejemplo y que cada pieza o estructura de nuestro deporte pueda parecerse a ellas? Ni hablar de Carlos Espínola. El correntino sumó otro podio, el cuarto de su trayectoria en cinco ediciones (participó también en Barcelona '92), esta vez el segundo en compañía de Santiago Lange. Al igual que Curuchet, es un ejemplo de constancia pero sobre todo de una planificación estratégica de cómo hay que trabajar para conseguir las cosas que uno desea obtener. No hay muchas vueltas: cuando se quiere, se puede. Y en el caso de "Camau" aparece otro dato que es importantísimo, el de los aportes privados, ya que su campaña olímpica para estos Juegos tuvo un alto impacto económico, el que no hubiera sido posible de afrontar sin los aportes privados. En realidad fue una conjunción de esfuerzos entre el sector público y las empresas, que bien pueden sentirse partes de este logro. Acá está otra de las claves para el futuro desarrollo de nuestro deporte. Cuando uno manifiesta que nuestro país carece de política deportiva, no lo está diciendo porque el presupuesto que maneja la Secretaría de Deportes de la Nación, o el de la provincia o la ciudad, debe ser de millones y millones de dólares, todo lo contrario. Tal vez pase por la búsqueda de los mecanismos que le permitan al sector privado invertir en el deporte, a través de los cuales las empresas no sólo tengan exposición mediática sino que sientan que están haciendo un bien por nuestra juventud, que busca recursos, denodadamente, para poder tener un lugar en el mundo del deporte. En síntesis, cada caso es un ejemplo de cómo debe replantearse el deporte argentino. Talento, individualidad, planificación, constancia, dedicación, solidaridad, entre tantos atributos que poseen estos héroes del deporte nacional. Los Juegos Olímpicos siempre dejan señales importantes, a través de los resultados, pero principalmente de los triunfos, el espejo donde debemos mirarnos para saber qué hacer para cambiar el rumbo. G
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