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ROBERTO MAURER
Formalmente, el canal 26 es una señal de noticias, aunque también es un modo de mantener la cadena de frío, ya que en él se puede conservar a algunos personajes que se cayeron de la televisión abierta, sea por algunas manchas en su reputación, edad avanzada o leyes de mercado. Mariano Grondona, por ejemplo, o Silvio Soldán, que evoca los días de esplendor de Grandes Valores con una tanguería de telgopor, o Johnny Allon, el viejo león que ruge los sábados en su cueva televisiva. Chiche Gelblung dicta su cátedra de lunes a viernes y, si bien también aparece en la televisión de aire, ya está recorriendo el camino del trámite jubilatorio.
En el 26 también se refugió Mauro Viale con un programa diario llamado "Historias impactantes", donde la actualidad es analizada desde el punto de vista de un estudio jurídico: sus invitados preferidos son los abogados. Luego de alcanzar la cumbre de los escándalos bizarros en 1997 con las Samanthas y los Yayos, y todas las ramificaciones del caso Coppola, el periodista se fue deslizando por una suave pendiente hasta transformarse en un Mauro Viale bueno. Su programa se legitima con la frecuente presencia de constitucionalistas, quienes, como se sabe, inspiran el mismo respeto social que los cardenales de la Iglesia de Roma.
En el lugar se citan las víctimas y los victimarios (con sus abogados, ya se dijo) de accidentes de tránsito, asesinatos, conflictos del campo, pedofilia y otras circunstancias de la vida humana.
El otro día apareció el Dr. Carlos Saúl Menem, como si perteneciera al elenco de figuras del pasado que se reúnen en el 26 y pudo escucharse suspirar al televidente: íOh, qué lejano parece todo eso! Mauro Viale entrevistaba a Jesús Osvaldo Cáceres, procesado por el cuádruple crimen de Campana, a quien acompañaban sus defensores -nunca faltan abogados, ya se dijo-, quienes, cuando supieron de la presencia de Menem en el estudio se apresuraron a declarar su adhesión al ex presidente y la injusticia de su procesamiento. El Dr. Hugo López Carribero, inclusive, corrió a saludarlo, pero siempre aclarando que no era menemista con el mismo tono de voz que se usaba hace un siglo para negar enfermedades vergonzantes como la sífilis.
La cámara, entonces, mostró a un anciano sentado en una silla con las piernas cruzadas, a quien rodeaba una comitiva muy numerosa, de pie. Eran hombres y mujeres con expresión grave, como mariachis antes de tocar.
"íQué presencia arrasadora!", saludó Viale a Menem, a quien, forzosamente, podía asociarse a ese patrimonio cubierto de telarañas del canal 26.
Procesado como "responsable de estrago doloso" de la explosión de Río Tercero, sostiene su inocencia. "Cuando ocurrió, yo estaba en mi despacho, fui y hablé con los operarios, que me dijeron que había sido un accidente, fue un hecho casual", cuenta Menem, que sostiene que se trata de "una causa armada por razones políticas", aunque "van a ir cayendo todas las mentiras".
ĿAlguien de este gobierno lo quiere ver preso?- pregunta Viale.
ÄVarios.
Ä¿Y por qué quieren enviarlo a la cárcel?
Ä Porque fui uno de los políticos más exitosos de todos los tiempos.
Hasta ese momento, los mariachis había permanecido inmóviles, mudos y con los brazos cruzados, pero empezaron a dar sus primeras muestras de vida con aplausos que pronto serán ovaciones. Son desconocidos, fieles a Menem, aunque la cámara insiste en tomar a una señora rubia, de mirada profunda, que sigue con gran atención la tosca entrevista. íEs la mamá de Adrián Suar! Hasta las celebridades deben cargar con alguna cruz.
"Muchos de este gobierno fueron funcionarios míos", dice Menem, y pregunta desafiante: "¿De dónde viene Mazza?".
ÄDe Tigre- bromea Viale. Luego, con insidia, Menem recuerda que Kirchner lo exaltaba afirmando que era un gran presidente, como si los cambios en el movimiento al cual pertenece lo pudieran tomar por sorpresa.
Cuando se dialoga sobre la actualidad del narcotráfico, y Menem sostiene que él lo anticipó hace "cuatro a cinco años", dice, vacilante, como si todo diera igual. Viale le recuerda a Alberto Lestelle, aquel funcionario despedido cuando mencionó los "nariguetazos" en el Congreso. "Pero un nariguetazo se lo dan en todas partes, es otra cosa", se molesta.
Ä¿En algún momento van a dejar de hablar de Perón?
Ä¿En algún momento se dejará de hablar de Napoleón?-, responde.
Ä¿Pero no hubo otra figura después de Perón?- insiste Viale.
Menem sonríe sin responder, se arregla la corbata y aquel viejo brillo pícaro de sus ojitos reaparece, mientras los mariachis gritan y ríen, excitados. ¿Hace falta adivinar quién?