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Sergio Serrichio (CMI)
Unas pocas cosas bajaron en los últimos días desde la cúspide del poder, suficientes para ratificar que el ex presidente Néstor Kirchner y su esposa y sucesora, la presidenta Cristina Fernández, siguen pensando que la realidad es un material que se puede moldear a sus deseos.
* Carlos Fernández seguirá siendo el ministro de Economía, cargo al que aleccionado por el ex presidente le va tomando el gustito.
* Guillermo Moreno no sólo seguirá siendo secretario de Comercio Interior, sino que también continuará regenteando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en el que irrumpió hace veinte meses por orden de los Kirchner, con el objeto de que, de decir verdades desfavorables para todos, la agencia estadística oficial pasara a publicar mentiras favorables al Gobierno.
* Sergio Massa prosigue desparramando sonrisas y buena onda desde la Jefatura del Gabinete de Ministros, pero ha sido anoticiado de que su empuje y sus iniciativas prosperarán sólo si coinciden con las verdades que se administran en Olivos. A Massa ni siquiera le bastó que sus tempranas referencias a la necesidad de recuperar la "credibilidad" del Indec tuvieran eco en los diputados kirchneristas Agustín Rossi y Patricia Vaca Narvaja, la ministra de Defensa, Nilda Garré, y hasta el ultrakirchnerista Carlos Kunkel, quien llegó a admitir que sería bueno que alguna gente creyera en las cifras oficiales de inflación.
La posibilidad de empezar a recuperar el pudor, sin embargo, fue desechada luego de que los Kirchner entrevieran el berenjenal en que podían meterse: desde el efecto sobre la deuda pública, hasta juicios locales e internacionales. En el planeta K, la verdad no vale tanto.
En las semanas previas, Massa había fogoneado la idea de poner en Economía a alguien con nombre, voz y equipo suficientes para revertir el deterioro de la situación y de las expectativas económicas. Su nombre era Martín Redrado, el presidente del Banco Central.
Curiosamente, Redrado fue la elección original de Kirchner para reemplazar a Felisa Miceli, cuando ésta renunció en medio del escándalo por la valija de dinero encontrada en su baño ministerial. Aquella vez, sin embargo, el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, lo convenció de que no valía la pena hacer dos cambios (también había que nombrar un nuevo presidente del Central) para designar, al fin y al cabo, un ministro liberal. Sonaba feo. Miguel Peirano surgió entonces como nombre de compromiso.
Esta vez, sin embargo, la lógica fue diferente: en el fondo, Kirchner no abjura del supuesto liberalismo de Redrado Äfuncionario pragmático y ambicioso si los hayÄ, sino que interpretó que cambiar bajo presión equivalía a mostrar debilidad, a ceder. íVade retro!
Más allá de que el presidente del BCRA llegue alguna vez a ministro de Economía (por si las moscas, Redrado cobija en su entidad a varios ex funcionarios de Hacienda, embrión de un potencial equipo), lo cierto es que el frente económico se sigue oscureciendo, más allá de los maquillajes del gobierno y de cierto aire de triunfalismo por el amplio margen con que la Cámara de Diputados aprobó la reestatización de Aerolíneas Argentinas y Austral.
Esa operación es una antología del modus operandi oficial: la misma gestión política que durante más de cinco años asistió al vaciamiento de las empresas, ahora, como si nada, se propone administrarlas.
Con todo, los 900 millones de dólares de deuda y los más de 500 millones de pesos que ya puso el Estado (desviando fondos de planes de Vivienda) para mantener en operaciones a Aerolíneas y Austral, pueden ser una bicoca comparados con el costo de financiar un modelo económico cada vez más desequilibrado y un modelo político cada vez más débil.
La debilidad política fue rápidamente detectada por el peronismo, cuyas cepas no kirchneristas se están amuchando en torno de Eduardo Duhalde y su Movimiento Productivo Argentino, un foro que se presenta como "académico" pero que tiene una agenda propia de una campaña política.
Del lado de la economía, el desequilibrio más obvio es la inflación, que a su vez potencia los demás: desde el enfriamiento de la economía, que ya está creciendo a la mitad del ritmo que mostraba hacia fines de 2007, hasta el retraso del tipo de cambio. Lejos del dólar "competitivo" que emergió de la megadevaluación de 2002, ya no hay sector que no se queje de la presión de la competencia china o brasileña. La caída del dólar respecto del peso ha producido, además, el efecto de aumentar la deuda del país, que en su mayoría está ahora nominada en pesos ajustados por inflación.
Hasta hace un par de meses, esas inconveniencias eran superadas por el colchón que daban los extraordinarios precios de las materias primas y la debilidad del dólar.
Pero luego de tocar un techo los primeros y un piso el segundo, ambos fenómenos se revirtieron. Nadie sabe a ciencia cierta hasta cuándo y hasta dónde, pero lo suficiente para complicar a la Argentina, y esta vez en serio, no cómo cuando el gobierno se quejaba de que los altos precios externos de lo que el país produce más y mejor eran un problema (a solucionar con retenciones móviles, non plus ultra del progresismo K) y no lo que realmente eran: un desarrollo netamente favorable.
¿Cómo se prepara la Argentina para enfrentar ese mundo menos receptivo y más acosador, en el que un conjunto de países que da cuenta de la mitad de la economía mundial, ya está oficialmente en recesión?
Por ahora, las respuestas son colocarle más bonos a tasas ruinosas a Venezuela, conseguir recursos en ventanillas como la Corporación Andina de Fomento, y pagar con cuentagotas a prestamistas como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial. Del cacareado desendeudamiento, los K pasaron a tomarle gustito a su negativo.
Pero, en verdad, la impresión es que ni en Olivos ni en la Rosada no se plantean estas preguntas, entretenidos como están en celebrar victorias que no son.
Apocalíptica
La líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, pronosticó que si el gobierno nacional "no cambia, no llegamos a diciembre" y advirtió que "el final de fiesta no pueden pagarlo los argentinos".
Carrió, en una conferencia de prensa que ofreció en el Instituto Hannah Arendt, enfatizó que "si el gobierno nacional no cambia algunas variables de la política económica vamos por mal camino. El fin de fiesta de la corrupción no pueden pagarlo los argentinos, por eso me cuesta comprender el voto de algunos sectores de centroizquierda. (Ricardo) Jaime es el funcionario más corrupto de este Gobierno, y Jaime es (Néstor) Kirchner", subrayó la dirigente.
Los ex gobernadores de Entre Ríos, Jorge Busti y de La Pampa, Rubén Marín, son dos peronistas históricos que el titular del consejo nacional justicialista, Néstor Kirchner, convocará a partir de la próxima semana para reafirmar su liderazgo en el fragmentado peronismo gobernante, tras la crisis con el campo.
Según confirmaron ambos dirigentes a DyN, desde el círculo cercano al titular del PJ nacional ya recibieron los primeros contactos y esperan que la semana próxima Kirchner los convoque a dialogar en la residencia de Olivos, donde ya recibió a otros díscolos, como el santafesino, Carlos Reutemann y varios intendentes bonaerenses que le expresaron sus críticas ligadas al agro.
Busti admitió que la semana pasada lo llamó el asesor Juan Carlos Mazzón para comenzar a dialogar, pero aclaró que "todavía no recibí ninguna citación" de parte de Kirchner, aunque adelantó que "si me llama, no tengo problemas en ir". El entrerriano pidió un peronismo "donde se discuta y se acepten las ideas diferentes, que llegue en una síntesis unificada a las elecciones legislativas de 2009".
Por su parte, otro dirigente peronista ortodoxo que confirmó un acercamiento al kirchnerismo tras su voto negativo a las retenciones móviles en el Senado, fue el senador Rubén Marín. Allegados admitieron que el senador pampeano también fue convocado por operadores del ex presidente Kirchner, en el marco de una serie de reuniones que tendrán lugar la semana próxima en la residencia de Olivos con el santacruceño.