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Enrique Cruz (h)
Es complicado analizar futbolísticamente a este Colón, no así en la medición del esfuerzo y la entrega que, evidentemente, se han constituido en uno de los grandes atributos inculcados por Mohamed a su plantel. Y la complicación surge a partir de que este debe ser el equipo con menor cantidad de "figuras" que armó Colón en los últimos tiempos. Está claro que es difícil encontrar jugadores desequilibrantes en el fútbol argentino. Hay pocos que valen mucho; y los demás, ya se fueron a jugar a Europa o a México. Consciente de ello, Mohamed decidió formar un plantel sólido, compacto y con "hambre de triunfo". Si bien se jugó muy poco, los tres partidos que sirvieron para que Colón tuviese uno de los mejores arranques de los últimos tiempos, han dejado esa sensación de que el equipo apunta a ser utilitario. Y el partido del viernes pasado, en Rosario ante Central, fue el fiel reflejo de que ese libreto de la entrega y el sacrificio empieza a rendir frutos en la cancha y en las tablas.
Sin un "10" que la mueva, sin un conductor que clarifique y por el que deba pasar la pelota, Colón asume su rol evidente de equipo utilitario. Mohamed ha logrado el "milagro" de que el equipo maneje la pelota y ataque con Chitzoff, Capurro y Rivarola. Y no lo digo en detrimento de estos más que aceptables jugadores que tiene Colón Ämuchas veces "combatidos" u olvidadosÄ, sino porque en otros tiempos a nadie se le habría ocurrido que el peso específico futbolístico del equipo podía pasar por algunos de estos jugadores.
Acá hay "mano" del técnico. ¿Por qué?, por la confianza que le otorgó a un Chitzoff que hasta llegó a brillar de volante por izquierda y que se ha transformado en un verdadero "comodín" dentro del equipo, con rendimiento sólido y confiable en el lugar que se lo ponga, y por este sostenido nivel de Capurro y de Rivarola, aunque "Pirulo" no haya tenido una buena noche con la pelota el viernes pasado en su conocido Gigante.
Mohamed sabe que tiene a Sciorilli o al propio Lucas Acosta, que son más técnicos. Pero mentalizó a los cinco volantes para que entiendan la importancia de la confianza y la decisión, de no sentirse menos que nadie y de animarse a más. Por eso, que Chitzoff coloque una pelota de gol y que Capurro o Rivarola los marquen (Capurro ya tiene dos en el torneo y le hicieron un penal), parece no ser una pura casualidad. Es el pequeño "milagro" de un técnico que llevó aquel desparpajo que tenía como jugador a su actual función de entrenador, mentalizando y convenciendo a sus dirigidos.
Es cierto también que, ante Central, Colón jugó más replegado que de costumbre. ¿Fue virtud ajena o decisión propia?, casi seguro lo primero, porque no imagino a Mohamed planteando un partido defensivo. Por allí, la idea fue atacarlo a Central como se hizo con River y los jujeños, pero se falló a la hora de manejar la pelota, no tanto de recuperarla, porque Colón peleó a brazo partido en el mediocampo. Pero así, con un trámite que se planteaba más cerca de Blázquez que de Broun, quedaron aislados los dos delanteros. Y se sabe que Cardetti no es un hombre apto para aguantar la pelota en el terreno rival, y que a Tito Ramírez le llegó siempre sucia, dividida y lejos del arco adversario, situación que lo complicó y le hizo perder peso adónde debiera tenerlo.
Hoy, nadie en Colón se animaría a discutir titularidades; pero sí a afirmar el valor de algunos jugadores que están empezando a resultar indispensables, como Blázquez y Garcé, por ejemplo.
Este es un buen síntoma, saludable e importante para el técnico. Reafirma su convicción a la hora de recomendar las contrataciones; y también la claridad con la que salió a armar plantel y estrategia para pelearla. El técnico confía y los jugadores interpretan y se liberan por esa confianza. Es una buena fórmula.