Escenarios & Sociedad: SOCI-01
CON SCARLETT JOHANSSON, NATALIE PORTMAN Y ERIC BANA
Ambiciosas traiciones
Scarlett Johansson y Natalie Portman personifican a las hermanas María y Ana Bolena, respectivamente. Entre celos y traiciones, mantendrán una perturbadora relación con el rey Enrique VIII. Foto: AGENCIA TÉLAM.

El primer largometraje del británico Justin Chadwick, "La otra Bolena", retoma el relato histórico de los amoríos vividos por el rey Enrique VIII con las hermanas María y Ana Bolena. En el contexto de la Inglaterra del siglo XVI, las muchachas son empujadas por su padre y su tío para instalarse en el seno de la corte, donde deberán conquistar al monarca y, de ese modo, garantizarle a éste un heredero varón. La red de intrigas, infidelidades, intereses políticos, familiares y económicos, sostiene el desarrollo del argumento. Pese al correcto y ponderable trabajo de producción, la realización cobra cierto matiz televisivo en términos formales y de tratamiento del tema.

Una familia íntegramente corrompida. Un rey que ansía con desesperación un hijo varón para disponer del mentado heredero de la corona. Un palacio entre cuyos muros se tejen intrigas, infidelidades y traiciones varias. Una sociedad que, al calor de un cambio político, religioso e institucional, es regido por un orden patriarcal y despótico. Relaciones humanas convertidas en operaciones para el ejercicio del poder. Mujeres humilladas e hijos tratados como propiedades, domesticados para el logro de los fines personales de sus padres. La muerte como un espectáculo público en el que la ley se encarga de cortar cabezas.

Todos estos elementos podrían considerarse como ejes de análisis individuales que se entrelazan en la formación de un todo. Aunque también sería factible pensar que responden a una matriz social, cultural y política que hace posible su existencia. En uno u otro sentido es viable observar la trama de "La otra Bolena" (The Other Boleyn Girl, Gran Bretaña, Estados Unidos, 2008). Se trata ésta de una película que pretende plantear su nudo argumental en torno al conflicto que desata, entre dos hermanas, el amor de un mismo hombre que, aquí no es otro que el famoso Enrique VIII, compuesto por el australiano Eric Bana. Y es, precisamente, ese el punto que amerita una mirada crítica.

SIN LÍMITES

En principio cabe explicitar que éste, el primer largometraje realizado por el británico Justin Chadwick, se integra a la serie de realizaciones sobre relatos históricos. Al respecto, la representación de aquella Inglaterra del siglo XVI ofrece un acertado y correcto trabajo de producción. Sin embargo, desde el punto de vista de la narración cinematográfica se pueden encontrar ciertas semejanzas con el registro fílmico televisivo. Y a la sazón, no sería desacertado sostener que se trata de una creación telenovelesca de casi dos horas.

La historia en sí misma se arroja un buen caudal de razones sobre esa afirmación: impulsadas (obligadas, más bien) por la miserable ambición de su padre y de su tío, las protagonistas abandonan la casa familiar del campo para introducirse en el centro mismo de la corte de los célebres Tudor. Ellas son María, personificada por la rubia Scarlett Johansson, y la seductora y desmedida Ana, rol que asume Natalie Portman. Frente a los ojos del atractivo y poderoso monarca, la primera se verá como un ser capaz de entregarse a una noche de tierno y encantador placer, de soportar la afrenta de su hermana y de, finalmente, compadecerse de ella. Mientras María sólo llegará a ser la amante del soberano, Ana, en cambio, irá por más. Ella exigirá que el rey abandone a su esposa legítima, la reina Catalina de Aragón, porque lo que desea es ocupar ese lugar. Y parece no tener límites.

A pesar de la constante oposición que manifiesta la madre de las muchachas, Isabel Howard (Kristin Scott Thomas), el padre, Tomas Bolena (Mark Rylance), acepta la estrategia que monta el tío duque de Norfolk para resolver el problema central: Enrique necesita un hijo varón que llegue a ser su heredero. Como Catalina ya no puede concebirlo, las bellas y jóvenes Bolena deberán cumplir con esa misión para que las finanzas de padre y tío se salven.

CORROMPIDOS

En la red de especulaciones, maniobras y deslealtades tejida en la estructura misma de esa familia reside el potencial dramático de la cinta. Desprendidos de toda barrera moral, el ansia de poder los deprava. Muestra clara de ello es Ana, quien desquiciada y desesperada llega a incitar a su hermano George a cometer incesto.

Esa coyuntura se instala, a su vez, en un momento histórico trascendental para Inglaterra. El reinado de Enrique rompe relaciones con la Iglesia Católica Romana. Su tormentoso vínculo con Ana mucho interviene en esa situación que es mencionada en el filme sin demasiada profundidad.

En tal sentido, lo medular del argumento de "La otra Bolena" se desvía hacia una tragedia familiar, descuida los factores políticos e históricos, pero sobre todo desatiende los aspectos psicológicos y los condicionamientos que, en el marco de esa sociedad, operan en las personalidades de los protagonistas, y en especial en estas dos hermanas tan disímiles como semejantes.

"La otra Bolena"

The Other Boleyn Girl. Gran Bretaña, Estados Unidos, 2008. Dirección: Justin Chadwick. Guión: Peter Morgan (sobre novela homónima de Philippa Gregory). Elenco: Natalie Portman, Scarlett Johansson, Eric Bana, David Morrisey, Kristin Scott Thomas, Mark Rylance, Jim Sturgess, Ana Torrent, Juno Temple y Benedict Cumberbatch. Fotografía: Kieran McGuigan. Edición: Paul Knight y Carol Littleton. Música: Paul Cantelon. Producción: Alison Owen. Montaje: Paul Knight y Carol Littleton. Diseño de producción: John Paul Kelly. Vestuario: Sandy Powell. Duración: 115 minutos. Apta para mayores de 16 años. Se proyecta en Cinemark.

María L. Lelli