La bailarina rusa Maia Plisetskaya, de 82 años, volvió a subirse a un escenario el último sábado, en la prolongación de una larga carrera que ella justifica por dos factores: "Mucho trabajo y una continua lucha por estar mejor" .
El Festival Jardines de Cap Roig (Gerona, en el noreste de España) acogió el sábado la única actuación que se podrá ver en Europa este año de la que muchos expertos y críticos consideran la mejor bailarina del siglo XX.
Nacida en Moscú en noviembre de 1925, Plisetskaya bailó una pieza compuesta por Maurice Béjart especialmente para ella a partir del "Ave María", rebautizada como "Ave Maia", bajo el acompañamiento musical de Bach y Charles Gounod.
"El baile debe conmover el corazón y los sentimientos, tiene que dejar una emoción en el alma", dijo Plisetskaya, para quien "en la música no está sólo el "tempo', también el contenido".
El espectáculo realizado ante la presencia de los fanáticos seguidores del arte de la eximia bailarina fue una especie de homenaje a Maia Plisetskaya, ya que contó con una proyección de las mejores escenas de danza de la trayectoria de la rusa.
El programa se completó con una selección de piezas de los ballets más importantes del repertorio clásico y al escenario, aparte de la mítica bailarina rusa, se subieron primeras figuras de las compañías Bolshoi de Moscú y Mariinsky de San Petersburgo, que interpretaron fragmentos de clásicos como "Giselle" y "Don Quijote". Estuvieron también como artistas invitados Lola Greco y Francisco Velasco, que bailaron "Hable con ella", una pieza coreografiada por Ricardo Cué con la música de la película de Almodóvar, a lo que se sumó un solo de Greco ("Goyescas").
Reclamada por los grandes escenarios de todo el mundo, Plisetskaya fue dirigida por Ricardo Cué. A sus cercanos 83 años (los cumple en noviembre), la estrella que ha asombrado con su arte y expresividad durante más de seis largas décadas asombró una vez más a sus seguidores.
La esencia de la danza, ha sostenido Plisetskaya, está en la música. "Hay que bailar la música, no bajo la música", aduce la legendaria artista. A su juicio, ahora muchas bailarinas no saben escuchar la música y sólo así se logra lo más importante: "Emocionar, dejar una impresión en el alma de cada persona", como ella hizo con sus míticos personajes en "El lago de los cisnes", "Don Quijote"... "Nadie ha superado sus interpretaciones, y eso que algunas se remontan a los "60", elogió su amigo Cué, para quien la llamada Maria Callas de la danza está dotada del "don de los dioses", según consignó la agencia EFE.
Lamentó la Plisetskaya que hoy se viva "profanación en la música y en el arte". Pero al final, sólo vence "la verdad, aquello que conmueve el corazón, los sentimientos", sentenció la laureada artista. "El siglo XXI es el tiempo de la técnica, en todos los aspectos: desde los celulares al deporte, donde parece que traspasemos los límites humanos. En el ballet sucede lo mismo: si antes tres fouettés era algo increíble, ahora se hacen 100".
Pero la técnica no asegura el sentimiento, al que Plisetskaya, incapaz de expresar en palabras lo que expresa con su cuerpo, aludió con una anécdota: "Hace tiempo estuve cenando en la India con Nehru. Él se puso a comer con las manos, me miró y me dijo: "Comer esto con tenedor y cuchillo es como amar a través de un traductor'".
"Explicar los sentimientos es muy difícil", añadió Plisetskaya, que se refirió al flamenco como el baile popular "más impresionante y grandioso del mundo. Lo amo porque deja una intensa emoción. Y no necesita una explicación, te llega al alma".
De la redacción de El Litoral