El consumo de estupefacientes y las ramificaciones del narcotráfico avanzan inevitablemente en la Argentina. Durante los noventa, el país dejó de ser una mera escala para los cargamentos y pasó a engrosar la lista de los principales consumidores del continente. Ahora, aparece involucrado con algunos de los más importantes y peligrosos carteles de la droga internacional.
Las muertes de varios narcos colombianos en un shopping del Gran Buenos Aires y los asesinatos de tres jóvenes empresarios vinculados con el negocio de los medicamentos, parecen haber dejado al descubierto una situación que desde hace tiempo se viene extendiendo en la Argentina.
Ahora se habla de la presencia en el país del Cartel de Sinaloa, una organización que importa y produce droga que luego vende en los Estados Unidos. Se trata de uno de los carteles más grandes del mundo, con presencia en 36 países y un fuerte poder en Sudamérica. Se dedica principalmente a la distribución de marihuana, cocaína colombiana y heroína del sudeste asiático, aunque también produce sus propias anfetaminas, opio y marihuana.
A fines de los 80, el Cartel de Sinaloa ya era la organización de narcotráfico más grande de México y en los 90 se la consideraba tan grande como el Cartel de Medellín en sus mejores épocas.
Las más altas autoridades policiales vinculadas con la lucha contra la droga en Santa Fe aseguran que, al menos hasta el momento, no se han detectado en el territorio de la provincia ramificaciones de estas organizaciones internacionales.
De todos modos, insisten en que no sería descabellado que en algún momento intenten operar, por lo que se intensifican los controles y se renuevan constantemente las estrategias preventivas sobre todo en el sur de la provincia, zona más propensa a caer en estas redes debido a la cercanía con la provincia de Buenos Aires.
Las razones de las llegadas de este tipo de grupos a la Argentina parecen bastante simples y están directamente vinculadas con las ventajas económicas. Los denominados "precursores químicos", como la efedrina, lidocaína o acetona, tienen en el país un valor varias veces inferior al que los narcos deben pagar en países como Colombia, Perú o Bolivia.
Pero más allá de que no se hayan detectado ramificaciones de estos carteles en la provincia, Santa Fe no está exenta del problema. De hecho, recientemente la policía desbarató laboratorios productores de cocaína en Rosario.
A esto se agregan las periódicas apariciones de avionetas cargadas con marihuana que provienen del Paraguay y aterrizan en vastas zonas rurales del norte santafesino.
La policía asegura que se trata de organizaciones narcotraficantes de menor alcance, que no cuentan con la logística ni el poderío económico de los grandes carteles internacionales. Sin embargo, las mismas autoridades también reconocen que sólo una ínfima parte de los cargamentos son detectados y que la provincia no cuenta con los controles adecuados para frenar el ingreso de estupefacientes.