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Darío Pignata[email protected]
A pesar de que los mismos protagonistas directos Äjugadores y entrenadoresÄ, al igual que actores cuyos roles deberían ser secundarios Äárbitros y dirigentesÄ y también algunos supuestos comunicadores sociales hacen todo lo posible por complicarlo, el fútbol sigue siendo un juego de fácil análisis a partir de la pelota. No todo está cambiado. Porque hace 100 años, si un equipo hubiera regalado lo que Colón regaló en el arco de enfrente, también le habrían empatado el partido. Y en uno de solteros contra casados después de un barril, igual. Y en un picadito en el potrero, lo mismo. También en el fútbol cinco.
No hay que dar tantas vueltas para explicar el 1 a 1. Es cierto que Newell's, ruidosamente empujado con muchos más leprosos Ä¿5.000?Ä de los que uno imaginaba para un equipo que venía de perder en Jujuy, lo buscó al empate con mucho corazón y vergüenza deportiva. Pero quedó flotando la sensación que hubo mucho más regalo de Colón que mérito de Newell's. Y esto no sólo analizado por lo que el mismo Mohamed definió como "cinco minutos de desconcentración fatal, donde hasta casi lo perdemos". Tampoco sacando conclusiones por lo mal que Colón se escalonó para marcar en esa pelota fatal de Ferreyra, justo cuando encima ya había mandado el mismo "15" un telegrama de preaviso. Claro que, por lo que se vio, Colón nunca se enteró.
Si bien es real que hubo problemas de marcaje en los centros, donde la zona que propone Mohamed quedó sin equivalencias ÄChitzoff al lado de FerreyraÄ, la impresión es que las mayores distracciones y los regalos más contundentes se dieron en el área de enfrente. No donde Colón defendía, sino donde Colón atacaba.
Lo que sí está claro del fútbol moderno es que las conversiones cotizan en oro. Entonces, las opciones claras de gol también suben al medallero, en forma de plata o bronce. Y Colón, anoche, tuvo colgadas todas. Sin embargo, se fue con bronca, mirando el piso y sin nada que festejar cuando las tribunas ya estaban preparadas para el ritual: griterío, caravana, parada obligada en los kioscos y hacer interminable la noche del sábado con Colón puntero solo Äarriba de todosÄ en la Argentina.
Seguramente se hablará de cuestiones como "volumen de juego" y generación de "mecanismos técnicos asociados". Todo condicionado y atado al resultado del final, ese que llegó faltando dos minutos para el tiempo reglamentario de Favale.
Uno y otro técnico movieron las piezas desde el banco. Mohamed lo hizo ganando; Gamboa, perdiendo. El de Newell's, cuando puso a Ferreyra por Quiroga, quedó con tres puntas y un volante ofensivo que fue a jugar bien arriba como Pérez. El cambio de Capurro, que no se entendió en la cancha o se entendió mal Äalgunos pensamos que lo sacó porque pensó que lo podían echar después del manotazo en el tumultoÄ, quedó claro con la palabra de Mohamed: "Capurro jugó infiltrado por una fisura en el dedo chiquito y pidió el cambio".
Es cierto que Capurro volvió a ser la figura. Es cierto que algunos jugadores, como Rivarola, se quedaron sin nafta. Es cierto que Newell's iba como un equipo de los de antes. Pero nada hacía prever que la tormenta de Santa Rosa llegaría en cinco minutos y en contra de Colón. Porque, lejos de tomarse el té, Newell's revivió en ese tiempo. Un tiro en el caño, el gol del empate de Ferreyra, la expulsión de Aguilar y una serie de enganches interminables de Da Silva que todavía le deben estar agradeciendo todos en el Centenario.
Colón comprobó anoche, definitivamente, que "perdonar no es divino" y lo pagó caro. En cuanto al juego, se volvió a ver un equipo trabajador, guerrero y luchador de cada pelota dividida. Que empieza a tener un verdadero repertorio de jugadas preparadas con pelota quieta para atacar, algo de lo que anoche volvió a "sacar el jugo" con el gol de Capurro. El equipo sabe que hay una lucha sin cuartel, camino a los promocionados 50 puntos para el promedio que pidió Mohamed en la temporada.
Es por eso que, después de haber arrancado contra el campeón y jugando dos partidos seguidos de visitante, tener en caja 8 puntos de 12 no está para nada mal. Todo lo contrario.
Lo que duele del 1 a 1 es cuándo llega y cómo llega: sobre el final, faltando dos minutos, con una previsible pelota quieta que todos esperaban en el primer palo y entró por la puerta de atrás.
Igualmente, el análisis no es tan complejo. Porque, si bien el fútbol está todos los días un poco más moderno, el 1 a 1 de anoche fue "del tiempo de María Castaña": Colón perdonó y Newell's empató al final.
Las claves del partido
La expulsión de Aguilar. "Fue un momento de calentura en el que salen este tipo de actitudes que tienen que ser controladas. Pero tenemos plantel para suplantarlo, ya el partido que viene estará Crosa recuperado para jugar", opinó Mohamed.
Otra vez Carignano.
En el partido de reserva, el Colón de Marito Sciacqua le ganó 1 a 0 a Newell's con gol de "Cocó" Ledesma, el pibe formado en las divisiones inferiores sabaleras. La noticia preocupante fue que a los 18 minutos del primer tiempo se retiró lesionado César Carignano con un problema físico, ahora en uno de sus gemelos. "Me dijo el médico que no es grave", tiró Mohamed en rueda de prensa.