Opinión: OPIN-05
ANOTACIONES AL MARGEN
Otra nostalgia

Estanislao Giménez Corte[email protected]

I

Pero te pregunto, lector, con velado deseo de que compartas el sentimiento éste: vos mismo, ¿no has sentido alguna vez, muchas veces, todo el tiempo, todas las veces, al doblar la esquina con el coche, al dejar un banco munido de facturas selladas, al despertarte una mañana de gris ciudad, al afeitarte para ir a trabajar que, efectivamente, la vida está en otra parte?

II

Una vez, tanto hace, no sé dónde, sí sé que era un chico este "gentilhombre" burgués que te escribe ahora, lector, alguien dejó caer el nombre de la novela de Kundera que es tomado de una de las inolvidables frases del mayo francés: La vida está en otra parte. Es extraordinaria pensé; e, ilusionado, leí el libro en busca de respuestas. No las había, por supuesto; pero sí contenía bellas historias.

III

La frase es hermosa y terrible a la vez, como mucha buena poesía, me tiento de decir: esa mixtura agridulce, ese relato de lo siniestro con exquisita retórica, de canto iluminado en plena noche, de fibra sensible que aparece en el caos, porque detona, entiendo, un sentimiento común, colectivo, respecto de la forma en que nos administramos la propia vida; respecto de las cosas que hacemos, pero, esencialmente, de las que no hacemos. Y más: del lamento o la molestia o la amargura que ello acarrea.

IV

La vida está en otra parte.... sí, claro, no va a estar en la urbe grisácea ni en los días lunes ni en las obligaciones, pero, ¿dónde está entonces? Puede decirse que la sentencia plantea una especie de nostalgia invertida; un deseo latente, difuso; una ausencia pero por cosas no hechas, por proyectos no alcanzados, por lugares no conocidos; una tristeza, no ya por un recuerdo o por su mistificación, sino por su inexistencia.

Pero es peor, todavía, porque a medida que uno se inmiscuye en este ejercicio de vivir, puede decirse que la vida, si bien no está en las semanas de rutina, tampoco está en los viajes, ni en el exterior, ni en los excesos, ni en la noche, ni en los libros, ni en una playa del sur de Brasil, ni en la infancia. O, al menos, no está enteramente allí.

V

Sucede, interpreto, que el "objeto de deseo" se modifica y que lo que está en otro lado es la no-concreción de una aspiración en parte irrealizable, en parte quimérica, en parte onírica, pero que a menudo nos carcome las energías, vistos los días que vivimos y que, además, se metamorfosea. Y entonces: la vida estará en las preguntas; en la imposibilidad de respondernos; en la renovación de los cuestionamientos; en la energía de pensar más allá de nuestro propio horizonte; en la ambición de que éste se expanda como un caleidoscopio; en advertir que esa otra parte se nos niega, se nos escurre. Y estará, también, en parte, en esa mezcla de desazón, bronca y autoconmiseración que nos genera la pregunta; en la movilidad, en la falta de apatía que impulsa ese sentimiento. En rebelarse a asumir que la vida es sólo esto, hoy, aquí.