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Política
Edición del Sábado 06 de setiembre de 2008
Política: POLI-03
La semana política nacional
La seducción del billete
Hacia adentro, el oficialismo trata de alinear voluntades, de cara a las elecciones legislativas de 2009 y hacia afuera intenta comprar credibilidad con efectivo. El eje es siempre la billetera.

Sergio Serrichio (CMI)

El gobierno de la presidenta Cristina Fernández y su apoyatura política-partidaria-conyugal, el PJ de Néstor Kirchner, avanzaron en los últimos días con varias medidas para romper el aislamiento interno e internacional, al que tienden a exponerlos su visión paranoica y su concepción centralista del poder.

La más visible de todas fue la decisión anunciada por la presidenta de que la Argentina cancelará, de una sola vez, la deuda pública con el Club de París, una informal agrupación de Estados acreedores que coordina sus cuentas desde la capital francesa.

Pese a ser naturalmente bienvenido por los gobiernos acreedores y los organismos financieros internacionales, ese intento de ganar credibilidad a golpe de billetera fue recibido con escepticismo por los inversores, de cuya confianza el gobierno depende crucialmente para reducir el costo de refinanciar la deuda pública, que de aquí al 2011 presenta un desafiante calendario de vencimientos.

El riesgo-país, que no es otra cosa que la sobretasa que un inversor exige para aceptar tener en sus manos un pasivo (una promesa de pago, usualmente en la forma de un "bono") del Estado argentino, subió en las jornadas siguientes al anuncio presidencial, para superar otra vez los 700 puntos básicos. Ergo, al Tesoro argentino pedir prestado le resulta más de 7 puntos porcentuales anuales más caro que al Tesoro de Estados Unidos, considerado (mal o bien) el kilómetro cero del riesgo financiero mundial.

Esa sobretasa es inferior a la que el gobierno aceptó soportar para colocarle, hace más de un mes, un bono de 1.000 millones de dólares a Venezuela (el riesgo-país implícito en esa operación superó los 1.100 puntos básicos), pero es tres veces y media superior, por caso, a la que paga Brasil, pese a que el socio mayor del Mercosur tiene una carga de servicios de deuda proporcionalmente superior.

El peso del pasado, la vigencia del presente

Sucede que al Estado argentino, un inversor o prestamista (sea de adentro o de afuera, sea un desalmado especulador o un "amigo" como Chávez) le exige más porque le cree menos. En eso tuvo razón el lunes pasado el presidente del Banco Central, Martín Redrado, y la presidenta, que lo parafraseó al día siguiente: el pasado nos condena.

Muchos creen que, además del pasado, nos condena un presente en el que se combinan una inflación "verdadera" superior al 20 por ciento anual y un gobierno que la niega manipulando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en un ejercicio deliberado y sistemático de mentira institucional.

Ni siquiera el pseudo-argumento de que rebanar los datos de inflación es "útil", porque reduce los pagos a los pérfidos acreedores externos, se sostiene. El 89 por ciento de la deuda pública en pesos ajustable por inflación está en manos de argentinos (en gran parte, futuros jubilados, a través de las AFJPs), calculó el economista Federico Muñoz en base a datos muy recientes.

Si ni los argentinos en general, ni los principales aliados K (como la CGT de Hugo Moyano) dan crédito a las cifras oficiales, ¿por qué habrían de hacerlo del exterior?

Los Kirchner creen que la caída de los bonos en las jornadas posteriores al anuncio del pago al Club de París es parte de una "conspiración" internacional, pero, a diferencia de las semanas inmediatas posteriores al voto "no positivo" del vicepresidente Cobos, que dio por tierra con las retenciones móviles, ahora están en movimiento (ver recuadro).

Alineamiento efectivo

A nivel partidario, Kirchner intensificó sus reuniones con intendentes y gobernadores, prepara una gira nacional y afila la estrategia para alinear voluntades a cambio de efectivo nacional. Hacia adentro, igual que hacia afuera, el kirchnerismo cree con fervor que el dinero, si no compra amor, al menos financia buenos simulacros.

Es cierto que hay menos dinero, pero también lo es que el poder de seducción aumenta a medida que se estrecha el cuadro fiscal. Entre 2002 y el año pasado, el 95 por ciento del aumento de la recaudación consolidada (Nación y provincias) de impuestos fue a manos del gobierno nacional, y en lo que va de 2008, mientras la recaudación nacional aumentó 38 por ciento, las transferencias a las provincias aumentaron 0,5 por ciento. Algunos distritos reaccionaron con reformas tributarias, pero necesitan como nunca el calor oficial.

Esa es la llave de la recomposición geográfica del poder K, de cara a 2009. La prioridad es Buenos Aires, para lo cual Kirchner adelantó la interna bonaerense del PJ, pero también se busca achicar la pérdida en Córdoba, con un reacercamiento a Schiaretti ("todavía estamos chichoneando, pero ya arreglamos", dice el jefe de Gabinete, Sergio Massa), y recuperar vigor electoral en Santa Fe (allí, más que gastar dinero, sirve amarreteárselo al gobierno de Binner) mediante la paz que el propio Kirchner firmó con Carlos Reutemann.

En movimiento

La sanción de la ley de reestatización de Aerolíneas Argentinas y Austral, la media sanción al proyecto de movilidad jubilatoria, las nuevas medidas en materia de control de la importación de efedrina (disparada por el triple crimen de General Rodríguez y la presión de Estados Unidos) y la rapidez para endilgarle a la izquierda los actos de vandalismo ocurridos el jueves en una de las líneas ferroviarias del conurbano bonaerense, indican la recuperación de los reflejos.

En el plano internacional, a fuerza de estatalidad (visita "de Estado" a Brasil este fin de semana, y excursión a Estados Unidos a fin de mes) la presidenta buscará este mes remontar la desconfianza de los inversores internacionales.

Habrá problemas, como los que seguramente generará la re-estatización de Aerolíneas y Austral, pero serán más adelante. Mientras, habrá que festejar que el kirchnerismo se interesó en la suerte del mercado aéreo de cabotaje, tras 64 meses de gestión, durante los cuales la flota se encogió 38 por ciento respecto de 2002, y en la llamada "línea de bandera", luego de que la participación de las empresas argentinas en los vuelos internacionales que pasan por nuestro país cayera del 40 por ciento que detentaba a mediados de los noventa a poco más de 20 por ciento en la actualidad.

No deja de ser extraño, sin embargo, que un gobierno que dice representar a los que menos tienen invierta más recursos políticos y financieros en el sector aerocomercial que en el ferroviario de larga distancia, clave para el interior del país. Según un estudio de la universidad Torcuato Di Tella, entre 2001 y 2008 el número de pasajeros de larga distancia por ferrocarril disminuyó el 15 por ciento, mientras el de pasajeros por avión aumentó 20 por ciento (con una flota reducida y, por ende, mucho más exigida) y el de ómnibus de larga distancia lo hizo 75 por ciento. Cifras que contribuyen a explicar el número de accidentes en las rutas como a construir el mapa del capitalismo de amigos del poder K.





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