Marcos Esteban Severín (*)
"Más vale permanecer callado y dar la impresión de que se ignora la realidad que abrir la boca y alejar toda sospecha" (Groucho Marx)."Los bonos argentinos valen oro", bastó escuchar esa frase en boca del lenguaraz Chávez, como para que los precios de los bonos de la deuda argentina se derrumbaran, a pesar de los esfuerzos del gobierno en mantener su valor. Para realizar transacciones comerciales, las partes exigen mutua confianza, eso es lo que cualquiera de nosotros experimenta al recibir un cheque de un tercero. Si no es confiable, el riesgo que se asume es mayor. ¿Por qué cree el lector que el riesgo país ha alcanzado niveles similares a los experimentados antes de la crisis de 2001?
Lo que le falta a la Argentina en su búsqueda de relación eficaz con el mundo es credibilidad, y como respuesta a ello el gobierno decide mostrarse junto al militar bolivariano y mantener a Guillermo Moreno y sus índices que parecen extractados de un libro de Lewis Carroll. Algo similar a suponer que podemos ir a un banco a solicitar un préstamo millonario y ofrecer como única garantía un boleto de lotería que aún no ha sido sorteado.
Hoy, a más de un mes de la histórica sesión del Senado donde se hicieron trizas las pretensiones kirchneristas de ponerle un techo a la renta del yuyo, cabe preguntarse qué pasó con el inminente "golpe destituyente", con el que tanto alertaron desde el gobierno, ayudado por la pseudo-progre intelectualidad vernácula.
"Aquí y ahora el debate profundo es si llegamos al final de un ciclo de 25 años de democracia imperfecta y volvemos para atrás" (Giardinelli dixit). ¿En qué quedaron todas esas declaraciones apocalípticas? ¿No deberían gobierno e intelectuales K hacer una autocrítica sobre las barrabasadas sin freno a la que sometieron durante semanas a la indefensa ciudadanía? Se intentó hacer creer que estábamos al borde del abismo institucional, pero sólo quedó en el ambiente la certeza de una burda y mal actuada sobreactuación. ¿Quién más que el gobierno y el partido gobernante contribuyó para que llegáramos a ese extremo? ¿Se recuerda los desencajados gestos de Kirchner y su irracional discurso del 16 de julio de espaldas al Congreso? Desenmascarada la mentira, lo que quedó de saldo es el magro 17% de imagen positiva que la ciudadanía aún tiene del gobierno. Esto es real y la dificultad del gobierno y sus intelectuales para ver la realidad sigue siendo pavorosa.
¿En qué se basa el modelo económico kirchnerista? Básicamente el modelo tiene su fundamento en mantener un dólar fuertemente devaluado y a cambio de esto retiene parte de la renta de quienes exportan y aprovechan ese cambio favorable. Con la masa de dinero que recauda, subsidia tarifas y precios de productos clave, para darle al ciudadano una "ilusión" de que todo está bajo control.
Cuando uno tiene un golpe de suerte en su vida laboral, tal vez un incremento en sus ingresos o un premio, es recomendable que se ahorre una parte de esa mejora generando un colchón para épocas futuras de vacas flacas. La Argentina tiene esa suerte. Cabe aclarar que el nivel de reservas internacionales técnicamente no es ahorro, porque tienen contrapartida en el dinero circulante y el endeudamiento del Banco Central con el que mantiene deprimidas las tasas de interés.
En vez de ahorrar, el gobierno argentino decide gastar en una maraña de subsidios, con los que se intenta mantener el control de los precios. Decide gastar discrecionalmente comprando voluntades políticas con dinero público o compromisos poco transparentes, como lo es todo gasto discrecional. Ese exceso de gasto genera un desequilibrio entre la oferta de bienes y las posibilidades de producción, desbalanza que termina indefectiblemente en inflación.
El alfiler que termina por pinchar el globo de la fiesta kirchnerista es la detención de la suba de precios de los commodities, hiriendo de muerte al "modelo". Si nuestro automóvil estaba acostumbrado a naftas de elevado octanaje, sin este "viento de cola" cargaremos naftas cada vez menos refinadas hasta que el motor no resista el combustible y se detenga.
El endeudamiento externo es cada vez más caro debido a un capricho ideológico del matrimonio. Endeudarse con organismos internacionales de crédito nos cuesta 6% al año. Endeudarse con Chávez, 16%. Es necesario que el gobierno vea urgente la obviedad de que la inflación devora el poder adquisitivo del asalariado y castiga a los más pobres, generando el efecto inverso a la distribución del ingreso. Tampoco es distributivo del ingreso subsidiar tarifas o estatizar aerolíneas. En la fiesta de la Argentina kirchnerista el único que no fue invitado es el marginado, que hoy representa más de un 30% de la población.
Sólo hay dos posibles explicaciones del porqué el gobierno y sus consultores intelectuales no ven lo obvio: o es perversión o es incapacidad.