Opinión: OPIN-03 Calentando artísticos motores

Finalmente, la fecha esperada se acerca. La Bienal de Arte Joven organizada por la UNL es, desde su inicio en 1994, una instancia especial para que cientos de jóvenes artistas muestren lo suyo y aspiren a ganar el reconocimiento que brindan los premios. Aunque en aquel encuentro inicial no había aún galardones ni jurados, y todo se desarrolló con mayor modestia: el espacio elegido fue el Rectorado de la Universidad, y quienes disfrutaron de la sección musical debieron asistir a un Paraninfo sin butacas, en plena renovación luego de la Convención Constituyente. Aquella fue una iniciativa que (vale ahora reconocerlo) se pusieron al hombro Laura Corral y Silvina Capellino, y que prosperó gracias a que mucha gente la hizo propia.

Luego de la espectacularizada edición de 2006 (según las malas lenguas, contaminada por candidaturas y futuras elecciones) la Bienal vuelve, y corona el esfuerzo de los últimos retoques que los artistas dieron a sus trabajos antes de la presentación. En lo que se ha convertido en la vedette del certamen, la categoría Música- Rock, centenares de bandas se esmeraron en presentar demos más o menos primorosos, a sabiendas de que la preselección sería muy rigurosa y que muy pocos los que llegarían ante el jurado que, en polémicas refrescadas con alguna cerveza, decidirá quiénes se llevan los premios y menciones.

Ahora, mientras apuran los ensayos para llegar ajustados, son conscientes de que, como los deportistas olímpicos, tendrán unos pocos minutos para mostrar el trabajo de los últimos años. Después vendrá el tiempo de compartir con los colegas, especular con resultados y meter alguna que otra púa en un contexto de sana competencia (aquel espíritu agonal que los griegos ejercían sin culpas en el deporte y el arte).

Los motores están en marcha, listos para calentar un nuevo encuentro con uno de los mejores rostros de Santa Fe y alrededores.