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Opinión: OPIN-05
ANOTACIONES AL MARGEN
Antiteoría de los objetos
Estanislao Giménez Corteegimenez@ellitoral.com
I
Supongamos que una cierta primera persona (PP en adelante) urde, mientras conduce por una avenida, una maniobra extrañísima y torpe, producto de una impericia en el cálculo automatizado de espacio (distancia) y velocidad (tiempo) y, digamos, colisiona con su coche contra otro... estacionado. Incrédulo de su propia tontería, desciende y observa las consecuencias de lo hecho. ¿Cómo es que pasó esto?, se pregunta, mientras calcula los abollones y observa que el paragolpes trasero cede a la fuerza de la gravedad ("arte moderno", piensa la PP, con el humor negro que le queda).
II
Todo sucede luego: las denuncias, las intervenciones de los seguros, de los talleres; pero sucede también, a posteriori, la reconstrucción, más o menos exagerada, más o menos real, más o menos humorística, de lo sucedido. La PP exorciza lo hecho a través de lo dicho y, colocándose a sí misma como sujeto de su burlesca travesía, otorga levedad al episodio, enfatizando lo frágil del funcionamiento de las cosas merced a un mínimo error de cálculo. Y mensurando de qué forma podemos entrar en riesgos inesperados, consecuencia de un mínimo desliz en la mecánica de nuestras rutinas. Así lo piensa: el movimiento de los objetos responde a una estructura determinada, una dinámica que puede afectarse notablemente con pequeños cambios. Esa falla, a veces, origina el desmantelamiento de toda la estructura, como en una teoría de los sistemas.
III
Todo sucede luego, pero la anécdota comienza a tomar una pátina oscura, una sombría actualidad, al enterarse la PP que parientes, amigos, colegas, entusiasmados por su relato catártico, le cuentan, a su vez, episodios similares, que habían guardado para sí o negado por timidez o vergüenza: uno, dos, tres coches estacionados que son embestidos por expertos conductores; un cartel que parecía lejano y cae sobre alguien que camina; un badén más profundo de lo habitual; un lomo de burro que pareciera arquearse con el sólo objeto de destruir las suspensiones... así, la PP recoge innumerables versiones de lo que a él le ha sucedido poco antes. Se sorprende menos de la tontería de negar esas cosas que de la cantidad de situaciones que acopia, pero, igual, las torna risible experiencia.
IV
Un día alguien elucubra una teoría imposible, digna de un lunático, para la estupefacción, pero que la PP escucha como quien disfruta de un relato absurdo: los objetos, le dice ese alguien, debido a energías entrecruzadas, ondas sonoras, celulares; a causa de la estática proveniente de las señales de tv, son sometidos a pequeñas vibraciones que, casi imperceptiblemente, los corren de lugar, generando innumerables problemas en la "estructura", a la vez que alteran la percepción de los humanos que los manipulan o los usan. Así, la posmodernidad implica una cierta "insumisión" de los objetos, dice, recio, serio, los ojos fijos en la reacción del personaje; una suerte de amenaza, como lo que sucede con la naturaleza, dice. Demasiadas películas de ciencia ficción, piensa la PP, o demasiado alcohol, y con una excusa lábil se retira. A la mañana siguiente, sabrá que el teórico de voz grave está internado por un profundísimo corte en su cabeza, producto de la insólita apertura de una ventana que, al parecer, se hallaba asegurada.
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