David Nalbandian había ganado el primer set y estaba apenas jugando el segundo juego del segundo parcial cuando se rompió la cuerda de su raqueta. En una actitud muy fuera de circunstancia, arrojó su elemento contra el piso con tan mala suerte que salió despedido por encima del banco argentino y fue a pegar contra un hombre de seguridad. De haber dado de lleno en el policía, pudo haber sido penalizado duramente, inclusive con la descalificación. Esa reacción no hizo otra cosa que mostrar la intranquilidad que tenía el unquillense por lograr una rápida victoria, para no tener que estirarse en el tiempo, cansado por haber disputado el dobles el sábado.
Los jugadores rusos, como todos los extranjeros que vienen a jugar Copa Davis a nuestro país, se quejaron todo el fin de semana del comportamiento del público argentino, lo cual es moneda corriente. Pero que el propio Nalbandian reclamara por actitudes de "su" gente, es algo que llamó la atención. Lo que ocurrió es que en dos oportunidades, ante pelotas muy dudosas, algunos simpatizantes albicelestes cantaban "mala", lo que desconcentraba al cordobés. Incluso el juez de silla, el brasileño Carlos Bernardes, tuvo que pedir que no molestaran a su propio tenista.
En plena definición del tercer set, cuando el argentino se imponía 6-5, Nalbandian pidió expresamente a la gente que se levantase y comenzase a alentar. Esto fue observado por Davydenko, que corrió hasta la silla del juez, subió un par de escalones y en el oído le relató la situación. Bernardes llamó a Alberto Mancini y le pidió que le ordenara a su dirigido que desistiera de realizar ese tipo de pedidos fuera de lugar.
Así como es correcto hablar de los excesos de la gente, también debe ser repasar los de los protagonistas. Mientras se desarrollaba la conferencia de prensa post partido de dobles el día sábado, y tras una pregunta de una periodista, Nalbandian dijo entre dientes (sin recordar que los micrófonos estaban abiertos) "¿cuántos años de periodismo estudian para hacer esas preguntas?", una reacción verdaderamente desagradable para una persona que no demuestra precisamente demasiada educación. Como para completar su faena, en plena conferencia se puso a mirar el televisor y mientras otros hablaban, se le escuchó decir "qué golazo". Algunas cosas que deberían cambiar en el unquillense en el trato con la prensa.