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Escenarios & Sociedad
Edición del Lunes 22 de setiembre de 2008
Escenarios & Sociedad: SOCI-07
EDITH FISCHER EN SANTA FE
Y se produjo la magia
Por Federico Bojorque (*)

El piano, solo en el escenario.

Un público expectante esperaba por esta mujer de "manos mágicas" que supo, con sus 12 años y un concierto de Mozart, empezar con su reconocida trayectoria internacional. Y fue con Mozart en sus manos que rompió con el silencio del piano y la espera del auditorio llegó a su fin.

Con una exquisita sensibilidad y técnica la Fantasía en Re Menor KV397 supo atrapar a los oyentes. Inmersa en la intimidad lograda con el instrumento se comprometió con las notas que recorrieron cada rincón de la sala con un sonido puro, profundo, y no por eso menos mozartiano. Los acordes del Adagio dieron su lugar al tierno y melancólico lirismo que supo desprender del teclado como si se tratara de una confesión. Y enseguida dio paso, como en una reverencia, al breve Allegretto repleto de una suave ingenuidad con un tempi exacto resaltando la claridad de la articulación.

A una técnica indiscutible e impecable supo sumar el devenir de cada nota con una fuerza sutil del discurso que no separó el conocimiento del mismo, ni su musicalidad.

Luego siguió la Sonata en Fa Menor Op.57 "Appassionata" donde llevó la técnica adquirida a un nivel prodigioso. La fluidez de las líneas melódicas, envuelta en ese virtuosismo modesto, fue encantando al público que no contuvo sus aplausos interrumpiendo la continuidad de la obra. Ajena a lo que sucedía entre los oyentes fue fraseando cada tema de manera indescriptible mientras los matices empleados demostraban el conocimiento y la claridad del estilo, de la mano de su solidez artística.

No brindó sólo a Beethoven, sino también a las enseñanzas de su maestro Claudio Arrau que por momentos se percibían en la misma música. Se brindó también ella misma y así dio a Beethoven de un modo completo, reinterpretado, vivificado y espléndido, gracias a una intensa personalidad musical. Se despidió con humildad en la primera parte y se la veía feliz de compartir su arte.

Chopin

La segunda parte fue destinada por completo a este compositor y una vez más su delicada sensibilidad envolvió los sonidos del Nocturno en Fa Sostenido Menor Op. 48 Nº 2. Las manos ofrecieron una visión de lo que es una digitación correcta para que el romanticismo de Chopin se haga presente en una impecable ejecución, donde el estilo virtuosístico sólo fue apreciado por entendidos. Involucró a la sala de tal manera en la interpretación que toda la polifonía de las voces afloró de esas manos maestras, percibiéndose desde el piano la profunda tristeza y esa extraña melancolía que se asocia al compositor.

Su dominio técnico y la seguridad que éste brinda a cualquier pianista quedaron en evidencia en los 12 Estudios Op.10, que reveló el ambiente de admiración y expectación al que estuvo sujeto la audiencia. Con cada uno de los doce la pianista pudo demostrar lo que ya había expresado a este diario: "Seriedad y respeto, trabajo y búsqueda, porque al actuar, la entrega total es la que en ciertos momentos produce la magia". Y hechizó por completo...

Se fueron sucediendo los estudios y parecía cada vez más metida en el piano, como si quisiera expresar con las manos las enseñanzas que impartiría luego en el curso de técnica e interpretación pianística. Asombra la serena naturalidad con que los ejecuta. Su técnica es tan superlativa que, de forma absolutamente discreta, se recreó en cada uno para generar toda la música que pocos pueden descubrir al encarar este Opus con una visión meramente virtuosística.

Todos fueron ejecutados sin ninguna objeción estética posible y con una perfecta marcación de los ritmos. "Un estudio es una composición musical destinada a practicar la habilidad y la técnica en un instrumento solista". Edith Fischer fue el mejor ejemplo de esta definición.

Desde el primero hasta el último dejó asentado el dominio del teclado con una sensación que, conforme iban pasando uno tras otro, recién comenzaba a tocar. Dejó en el aire la alucinación de que el piano es un instrumento que se puede tocar con sólo desplazar las manos por sus teclas. Portadora de una solvencia total convenció de que es conocedora de los secretos de la música del compositor.

El conocido estudio "Revolucionario" fue el encargado de poner el cierre a esta magnífica noche. La forma en que usa la mano izquierda ante una voz principal bien nítida y marcada da como resultado un contraste muy distinguido entre las diferentes líneas. Los dedos "van solos" dejando percibir cada una de las notas de esas escalas, aún subordinadas a un tema conocido por todos.

Sobraron aplausos para lo que fue el encuentro de dos almas gemelas: Edith Fischer y el piano. Sobraron tantos que, con la misma humildad con la que los agradeció, volvió a sentarse para regalarnos una perlita más: el Preludio Op. 28 Nº6 de Chopin. El Instituto Superior de Música, la Secretaría de Cultura de la UNL, ATE Casa España y el público en general deben sentirse profundamente agradecidos.

(*) Estudiante de la Licenciatura en Música con Orientación en Piano del Instituto Superior de Música de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL.



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Lunes 22 de setiembre de 2008

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