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Bajó el tipo de cambio para combatir la inflación, subió la tasa de interés, se desalentaron las paritarias. El enfriamiento de la economía es un hecho que, por la imposición del propio peso de la realidad, terminó por convalidar aquello que el FMI sugería y que la administración central denostaba en nombre de la pretensión soberana. Las exigencias de la economía no se pueden esconder bajo una alfombra mediática. La soberanía económica es un valor deseable, pero no se la construye saldando con reservas deudas no exigibles. Pagar es una condición para ser creíble; hacerlo con sentido de la oportunidad es gestionar bien los recursos disponibles. El prometido pago con reservas al Club de París pudo ser negociado, pero el gobierno eligió una vez más desprenderse de reservas para cancelar sus compromisos. La volatilidad de los mercados internacionales es una ocasión poco propicia para adoptar una medida de estas características. La conducción económica del país necesita una gestión consecuente con sus postulados, políticamente soberana pero técnicamente apta; el país ha quedado cautivo de una promesa verbalizada por la presidenta, pensada para lograr un golpe de efecto que nunca sucedió. En el segundo trimestre de 2008 el PIB argentino creció al 7,5 %, el menor ritmo de los últimos cuatro años, arrastrado por una significativa desaceleración de la inversión y por los efectos de la inflación que se proyecta al 22 % anual. Los datos surgen del Indec y son parte del Informe de Avance del Nivel de Actividad que elabora el cuestionado organismo. El conflicto con el campo impactó negativamente en el escenario nacional. El sistema de acumulación de reservas se detuvo y fue necesario exponer una parte de ellas en el mercado interno para contener el avance del dólar. Paradójicamente, la inflación tuvo por finalidad desalentar la inflación, tantas veces negada en el discurso oficial. Menos reservas -aunque el nivel sea saludable- y un tipo de cambio que ahora no resulta tan competitivo para las exportaciones industriales, sugieren que el gobierno ya no se apoya en lo que presentaba como principios inconmovibles del "modelo". La realidad reclama soluciones para los crecientes e insostenibles subsidios a sectores concentrados de la economía; para las demandas de provincias sin sustento financiero; para productores agropecuarios ahogados por retenciones insostenibles cuando bajan los precios de sus productos y suben sus costos; para los industriales ahora desafiados a competir sin el artificio cambiario, para los asalariados que padecen el permanente deterioro inflacionario de sus ingresos y para los excluidos, estén o no contemplados en la estadística oficial. El escenario institucional es débil y la imagen presidencial afronta las consecuencias de resonantes casos judiciales que se dirimen fuera de la órbita de influencia del Ejecutivo nacional. Pero además, el gobierno afronta con su proyecto de presupuesto, el diseño del próximo año con un desafío electoral inédito y con demasiadas cuentas pendientes de la economía nacional. |