El de ayer fue el tercer gesto oficial para intentar revertir la suba del riesgo país y aventar el temor a un nuevo default, disparado a principios de agosto, tras una ruinosa operación con Venezuela.
El primero fue el programa de recompra de bonos anunciado hace un mes y postergado en los últimos días, debido a las turbulencias en los mercados internacionales. El segundo, el anuncio presidencial del 2 de septiembre, de que se pagaría la deuda al Club de París, una agrupación informal de Estados acreedores.
La deuda pública argentina es hoy de 150.000 millones de dólares, lo que obliga a un permanente ejercicio de refinanciación. Unos 122.000 millones se están "sirviendo" regularmente, otros 20.000 millones son "intrasector público", y 8.000 millones son al Club de París.
La deuda de la que la presidenta habló ayer no está en esa cuenta. Son unos 21.000 millones de capital (sin contar 9.000 millones en intereses, de los que se discutirá arduamente) a bonistas que rechazaron el canje realizado por el gobierno de Kirchner en 2005.
Desde el punto de vista contable, el anuncio va a contramano del llamado "desendeudamiento", al reconocer valor (ya se verá cuánto) a un pasivo que hoy ni figura en los registros oficiales.
¿Por qué tanta generosidad? Porque, en verdad, el gobierno no necesita tanto reducir la deuda como los intereses que paga cada vez que debe refinanciarla.
Para ello, le urge ampliar los circuitos y superar la dependencia financiera respecto del gobierno de Hugo Chávez, que desde 2005 compró bonos argentinos por 7.300 millones de dólares, pero a un costo siempre creciente. La tasa implícita en esas operaciones fue de entre 7,5 y 10 por ciento en 2005 y 2006, superó el 10 por ciento en 2007 y en las colocaciones de este año trepó velozmente hasta rozar el 15 por ciento anual.
No hay superávit fiscal que resista semejante trepada. Por eso, el gobierno busca ahora no sólo mostrar "voluntad" de pago, sino también aumentar sus márgenes para operar sin que le embarguen su dinero, riesgo que aumenta si una parte de la deuda se mantiene en litigio. El aislamiento financiero se hizo insoportablemente caro. Resta por ver cuán costosa es la "reinserción".