"La visita de la banda" es el primer largometraje del director israelí Eran Kolirin y ha tenido la suerte o el talento suficiente para lograr que su película fuera muy bien recibida en los festivales más renombrados del mundo del cine.
Constituye una demostración de lo que se puede expresar en casi una hora y media de narración cinematográfica caracterizada por la austeridad, la sencillez formal y la economía de recursos. El tema parece grande: la difícil (o no tanto) convivencia entre israelíes y árabes, sin embargo, el enfoque de Kolirin tiene el acierto de concentrarse en una historia pequeña, circunstancial, donde lo que hablan son los pequeños detalles.
No es precisamente una opción original, ya otros cineastas han optado por el minimalismo con mayor o menor éxito, pero siempre es una propuesta interesante si se sabe encontrar el tono justo para captar y mantener la atención del espectador, tan mal acostumbrado a los excesos de estímulos de la industria americana.
Y Kolirin lo consigue, primero, sorprendiendo con la anécdota, rara, pero no inverosímil: una banda musical de policías egipcios llega a Tel Aviv, invitada por un centro de cultura árabe, para tocar en un acto, pero nadie pasa a buscar a los músicos por el aeropuerto y abandonados a su suerte, se confunden de destino y se pierden en una localidad aislada en medio del desierto.
Los ocho integrantes de la Orquesta Ceremonial de la Policía de Alejandría, con sus impecables uniformes celestes, han respondido con buena voluntad a la invitación, con ánimo de compartir un momento de intercambio cultural entre los dos pueblos, pero la situación de abandono y las dificultades con el idioma más el desconocimiento del terreno, los va sumiendo en una melancolía, en una sensación de perpleja incomodidad.
Por un error ortográfico al leer el nombre de la localidad adonde deberían ir, se confunden, toman el autobús equivocado y arriban a una población en medio del desierto de Negev. Solamente un pequeño bar y comedor, atendido por su dueña, una mujer ya no tan joven pero bonita y fuerte, es el único lugar donde encontrarán un poco de orientación y algo de comida. Sólo para enterarse de que se han perdido y que no tienen autobús hasta el otro día y que no hay hotel donde alojarse para pasar la noche.
La sensación que logran transmitir Kolirin y la fotografía de Shai Goldman en ese paisaje desolado, de líneas geométricas, pobladores silenciosos y un tiempo congelado, muerto, en el que no pasa nada y solamente resta esperar, es de una angustia sutil, casi indescifrable. Pero la dama (interpretada por Roni Elkabetz, actriz conocida por el film "La mujer de mi vida") se hace cargo de la situación y ofrece hospitalidad a los viajeros perdidos. Se lleva dos a su casa y reparte a los otros en los domicilios de sus empleados.
Así, el relato se explaya en lo que sucede en esa noche en ese pueblo tristón y apagado, en donde los ánimos no son precisamente de mucha cordialidad ni entusiasmo por compartir.
Pero la fuerza de las circunstancias obligan y poco a poco, a pesar de la tensión que flota en el ambiente y la mutua desconfianza, se van produciendo diálogos entre los personajes que abren una comunicación, que por despojada y tal vez por falta de práctica diplomática, llega en seguida a temas sensibles. Es un clima propicio para algunas confesiones mutuas que afloran como por necesidad imperiosa y así, este grupo de extraños, desconocidos, comparten de un modo inesperado momentos de verdadera intimidad que pone al desnudo su humanidad y es capaz de superar todas las barreras de esos dos mundos en apariencia irreconciliables.
El filme de Kolirin es un ensayo de frescura, emoción y una pizca de esperanza, donde el contacto humano por encima de los desencuentros históricos es el pequeño gran protagonista.
"Bikur ha-tizmoret", Israel/Francia/EE.UU., 2007. Dirección y guión: Eran Kolirin. Interpretación: Sasson Gabai, Ronit Elkabetz, Saleh Bakri, Khalifa Natour, Shlomi Avraham, Uri Gavriel, Imad Jabarin, Ahouva Keren, Francois Khell, Hisham Khoury, Tarak Kopty, Rinat Matatov, Rubí Moskovitz, Hilla Sarjon, Eyad Sheety. Iluminación: Shai Goldman. Música: Habib Shehadeh Hanna. Montaje: Arik Lahav Leibovitch. Duración 87'. Se proyecta en el América.
Calificación: MUY BUENA