Tomás Rodríguez (Especial para El Litoral)
Hoy, 2 de octubre de 2008, se cumplen 40 años de la fecha en la que Horacio Enrique Accavallo anunció, en una concesionaria de automóviles de Lanús, su retiro de las actividades pugilísticas, dejando vacante el título de la categoría mosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
El boxeador argentino había nacido el 14 de octubre de 1934 en una humilde vivienda de chapas, en Villa Diamante, Lanús, proveniente de una familia de inmigrantes. Su padre, calabrés de Potenza, y su madre, española. El sueldo municipal que ingresaba al hogar nunca alcanzó para nada. "Roquiño" tenía tres hermanos más...
"Roquiño" fue un intuitivo natural; las dificultades para poder dar los 50,800 kilogramos, límite de la categoría mosca, frustraron una carrera que pudo ser excepcional.
No existía en su tiempo la división supermosca y debió irse pronto, además de tener 31 años de edad cuando se clasificó campeón mundial de la especialidad.
Durante su carrera profesional, extendida a lo largo de 12 años, participó en 84 encuentros, de los cuales se impuso en 76 oportunidades, 33 por la vía rápida, empató seis y perdió dos (ante el italiano Salvatore Burruni y el japonés Kiyoshi Tanabe).
Acavallo, un mes más tarde, debía exponer su faja ante el aspirante brasileño José Severino da Silva. Pero las dificultades para poder dar la categoría mosca, es decir, 112 libras o 50,802 kilogramos, lo obligaron a tomar esa drástica determinación. A la pelea decisiva, a los 33 años, la perdió ante la balanza...
"Roquiño", según se lo conocía a Accavallo, como todo adolescente proveniente de una villa de emergencia, siendo pobre, demasiado humilde, con muchas necesidades sociales, intentó siempre trabajar en forma digna, fue fakir y payaso de circo, canillita, botellero y luego se dedicó al boxeo.
El 1´ de marzo de 1966, en la capital japonesa, en Tokio, se impuso por puntos al nipón Katsugoshi Takayama y consiguió el segundo título mundial de los moscas para nuestro país. Esa noche fue aclamado por los propios japoneses frente a un compatriota y dedicaba el triunfo a su patria, la Argentina.
Accavallo, con 51,900 kilogramos de peso, debutó como profesional en Buenos Aires el 21 de setiembre de 1956, venciendo a Emilio Alvarez por abandono en el quinto capítulo.
Realizó otras 21 peleas en nuestro país, hasta que Simón Bronenberg, quien editaba las revistas K.O. Mundial y la Guía Pugilística, gestionó la realización de su campaña en Europa, donde fue dirigido por el desaparecido adiestrador italiano Humberto Branchini.
Ganó seis peleas en la península a Salvatore Burruni, Giacomo Spano, Francisco Carreño, Angelo Rampin, Salvatore Manca y Pablo Osuna; empató dos veces con Spano y en una ocasión con Manca, perdiendo el invicto ante Burruni, por decisión en Sassara.
Regresó a nuestro país y el 1´ de julio de 1961, en el Luna Park, Accavallo derrotó, pesando 50,600 kg, a Carlos Rodríguez, otro peleador de Lanús, adjudicándose el cetro nacional. Tres meses después, superó al uruguayo Júpiter Mansilla en 15 asaltos, clasificándose campeón sudamericano.
El 16 de mayo de 1964, Accavallo derrotó por decisión unánime al panameño Eugenio Hurtado, vencedor de Pascual Pérez en su ocaso, y el 26 de septiembre noqueó al mismo oponente en seis capítulos. El promotor Juan Carlos Lectoure concretó la pelea por el título nacional de los moscas ante Nelson Alarcón, a quien venció por puntos en 12 episodios.
Durante 1965, "Roquiño" consiguió nueve victorias, incluyendo la inolvidable del 7 de agosto en el Luna Park por puntos en 10 asaltos frente al campeón mundial, el italiano Salvatore Burruni, con un peso de 51,700 kg.
Al año siguiente, una maniobra de la AMB, que hizo todo lo posible para evitar que el argentino Accavallo conquistara el cetro mundial de esa división, fue desbaratada por el mánager Héctor Vaccari, quien debió viajar a Venezuela.
Se acordó el encuentro por el título de los moscas entre Accavallo e Hiroyuki Ebihara; al lesionarse éste fue reemplazado por otro nipón, Katsuyoshi Takayama, en pelea realizada el 1´ de marzo de 1966 en Tokio. El púgil bonaerense obtuvo una clara victoria por puntos, mostrando como principales argumentos habilidad, inteligencia, coraje y una buena estrategia.
La pelea obligatoria con Ebihara Ämuy dura y riesgosaÄ, es decir, la primera defensa de Accavallo, se llevó a cabo el 15 de julio en el Luna Park y venció el argentino en 15 vueltas, durante las que "Roquiño" no tuvo mayores sobresaltos para quedarse con un indiscutido éxito...
Uno de los difíciles compromisos asumidos por el campeón mundial mosca fue el 10 de diciembre con el fuerte pegador azteca Efrén "Alacrán" Torres.
El mexicano ratificó sus pergaminos y derribó al poseedor del cetro en el sexto asalto. Accavallo, con el rostro desfigurado por el castigo del boxeador visitante, se fue recuperando lentamente y en la segunda parte Äespecialmente del séptimo al decimoquinto roundÄ ofreció un concierto de golpes efectivos que dieron en el cuerpo de su rival y en la cara, y que convencieron al jurado de dar su veredicto a favor del argentino en ajustado fallo.
La única radioemisora mexicana que transmitió la puja para los millones de apasionados aztecas había reconocido en esa oportunidad que triunfó por leve margen el argentino, aunque muchos argentinos todavía mantienen la incertidumbre hasta hoy sobre lo complicada que resultó esa contienda para el monarca de esa división.
Accavallo aceptó una pelea fuera de campeonato en Tokio frente al japonés Kiyoshi Tanabe, quien abandonó luego el boxeo al sufrir un desprendimiento de retina, que se llevó a cabo el 20 de febrero de 1967.
El local debió ser descalificado, actuando en forma ilegal, aplicando numerosos cabezazos. Sin embargo, el árbitro local, en forma parcial y no respetando las reglas que rigen esta actividad, no lo entendió así, posibilitando que el local aplicara golpes con la cabeza que no están permitidos y ganó por KO técnico en el sexto episodio.
La última vez que Accavallo subió a un ring como campeón mundial de los moscas fue el 12 de agosto de 1967, en el Estadio Luna Park de Buenos Aires, acusando en la báscula un peso de 50,700 kilogramos, aventajando al nipón Hiroyuki Ebihara por decisión de los jurados.
Desde muy chico, Horacio Accavallo vivió en la calle, fue hasta tercer grado de la escuela primaria, aunque de manera increíble por su formación, hablaba además del idioma español, el italiano y el francés, que estudió cuando actuó en esos países; así conoció y triunfó en la vida merced a todas las necesidades pasadas y aprendió muchas lecciones para poder sobrevivir en un mundo que castigaba muy duro a los pobres, marginados y carecientes.
"Los días de invierno, de terrible frío, con solamente 10 años, recorría con un carro los tradicionales barrios porteños en busca de botellas vacías y cartones. Trabajé en un circo ruso, fui payaso (por 20 pesos mensuales), trapecista, siempre he sido un bohemio y me gustaba el aplauso de la gente y cuando se fue a Brasil me quedé en la lona", comentó Roquiño.
Reveló Accavallo que "después comencé a lustrar zapatos en Pompeya; más tarde fui canillita en Avellaneda y los domingos iba a la cancha donde vendía chuenga, turrones, caramelos, chocolatines, etc".
Accavallo admitió que nunca pensó que sería boxeador, "hasta que por casualidad, me invitaron a un festival organizado por Sociedad de Fomento de Villa Diamante. Tenía 16 años, medía 1,58 metros".
El periodista Juan Ernesto Vila escribió un suceso vivido por el adiestrador y su famoso pupilo, quien un día llegó media hora tarde al entrenamiento. "Horacio, tiene que llegar a la una", respondiéndole Accavallo que "en Valentín Alsina había mucho tránsito".
Al día siguiente, "Roquiño" volvió a arribar al gimnasio a la una y media, Aldrovandi que lo trataba de usted le dijo: "Tenía que haber salido media hora antes". Enseguida, lo amenazó: "Cámbiese, yo lo tomo con calma y respetuosamente, si mañana usted llega después de la hora pactada, búsquese otro entrenador...".
El monarca de los moscas, se acercó al reconocido periodista e investigador de boxeo y le dijo al oído: "Vilita, acá se acabaron los guapos, los huevos los tenés que dejar en la puerta. Eso es profesionalismo de verdad...".