Danilo Chiapello
Los vecinos de Lomas del Valle tienen un objetivo entre ceja y ceja: saber quién o quiénes la madrugada del viernes abandonaron y ocultaron dentro de un zanjón a un bebé recién nacido.
Tras una breve recorrida por el lugar no fue difícil darse cuenta que el tema de conversación en cada casa y en cada esquina era el triste suceso que culminó de la peor manera.
Ramona, una de las entrevistadas, aseguró estar todavía bajo los efectos de la tensión que le provocó el episodio. "Todavía estoy mal, y no soy la única. Me parece escuchar los gritos del bebé por cualquier parte. Camino y miro para todos lados".
Consultada sobre los posibles autores del hecho, la mujer pidió que "aquí hay que investigar el barrio. No puede estar muy lejos. En cualquier lugar se sabe cuando una mujer está embarazada. También se sabe con qué tipo está saliendo o está viviendo. Pero semejante acto criminal no puede quedar en la nada".
Más adelante Ramona sostuvo que "muchas de las chicas se fajan para disimular que están embarazadas. Sin embargo los últimos meses ya es imposible".
Por su parte otra vecina dejó flotando la duda sobre si en el hecho había actuado más de una persona. Quizás quien hizo esto haya estado bajo presión o amenazas. Es muy difícil saberlo, pero para eso están los investigadores. "Lo peor de todo fue haber escondido el cuerpo con el ánimo de que no lo vea nadie", sentenció.
Raúl Américo Cechetto (57) es un vecino que vive sobre callejón El Sable, a escasos metros del cruce con San Lorenzo. Al frente de su modesta vivienda pasa parte del zanjón que horas antes lo tuvo como protagonista.
De oficio herrero, Raúl es un hombre tranquilo y de hablar pausado. Sin embargo se advierte que a la hora de tomar decisiones no vacila.
Y así fue lo que ocurrió la mañana del viernes cuando Julio Bustos, su vecino y amigo, llamó a las puertas de su casa para comentarle que "ahí en el zanjón hay algo".
En diálogo con este diario Cechetto relató que "vino el vecino y lo noté alterado. Me dijo que ahí en el zanjón había algo, pero que no sabía qué era. Parecían gatos", dijo.
"Ante la duda -prosiguió- me arremangué los pantalones y me metí al zanjón. El agua me llegó hasta las rodillas. Me acerqué a la alcantarilla y ahí sí sentí. No eran llantos, sino más bien quejidos. Entonces ingresé dentro del caño y en fondo lo vi. Era un bebé que estaba boca arriba. Estaba boca arriba. No fue fácil porque tenía parte de la placenta y además estaba todo embarrado.
"Lo tomé entre mis brazos y así lo saqué del agua. Enseguida Julio y unas vecinas lo lavaron un poco y lo envolvieron con una manta. Ya para entonces otras personas estaban llamando a la policía. A los pocos minutos apareció un patrullero del Comando y llevamos a la criatura hasta el hospital Mira y López.
"Yo soy bastante duro -confesó-, pero esto que ocurrió me llegó muy hondo. Cuando estábamos en el Mira y López junto con los policías, me aflojé un poco. Se me llenaron los ojos de lágrimas...".
"Ahora todos nos sentimos bastante mal después que nos enteramos de cómo terminó la historia. Yo pensé que se iba a salvar. Pero fueron muchas horas las que estuvo expuesto al frío", concluyó.
Como se sabe el bebé -un varón que pesó 2 kilos 700 gramos- ingresó al hospital de Niños la mañana del viernes en condición crítica. El primer parte médico expresó que "la situación es muy delicada, grave, y la criatura permanece con respirador artificial. Se trata de estabilizarlo".
A partir de entonces un equipo médico de la sección neonatología se abocó de lleno en tratar de estabilizarlo y recuperar sus signos vitales. Los ingentes esfuerzos fueron en vano, dado que a las 19.30 del viernes el corazón del chiquito dejó de latir.