Escenarios & Sociedad: SOCI-04
"La mujer sin cabeza"
La presencia de lo ausente
Por Rosa Gronda

En el cine de Lucrecia Martel, el acento no está en lo visible sino en el sutil malestar que circula debajo de las apariencias y se refleja en la forma de narración cinematográfica. Lejos del cine de género, la directora corre el riesgo del artista atento a su propia búsqueda más que a construir una historia tersa para el espectador, al que le exige mucho y le ofrece poco.

Distante y hermética, esta singular cineasta no apela a la emoción ni revela demasiados datos pero sí construye un cine cargado de indicios, con los que busca detectar climas sociales y estados de ánimo, para transmitirlos en forma de sensaciones que se parecen a un poema no convencional.

Filmar el extrañamiento

La mujer sin cabeza propone acercarse a la interioridad de un personaje femenino en el momento en que un hecho accidental (un quiebre disparador) altera el delicado, confortable y convencional equilibrio de su mundo. Quienes rodean a la protagonista (muy evidentes en las escenas corales del principio y el cierre del film), obrarán como una red que no facilitará ningún descubrimiento para devolverla a su equilibrio, sino que el des-centramiento del personaje continuará profundizándose y registrándose formalmente en la apelación a planos recortados, la alternancia del fuera de foco o conversaciones entremezcladas y frecuentemente discoordinadas entre audio e imagen.

Resultan fundamentales para la interpretación las dos breves secuencias iniciales que ocurren antes de los títulos: el juego de unos chicos humildes que corren junto con un perro que los acompaña sobre los bordes de una ruta solitaria, mientras en montaje paralelo se presenta a la protagonista en una reunión familiar donde todos parecen unidos y felices.

Posteriormente, la mujer (magnifica interpretación de María Onetto), parte sola en su auto y al atravesar una ruta blanca y desolada, inesperadamente algo impacta contra su coche ¿un perro, una persona? El film consiste en observar los efectos que ese desorden genera y la red protectora que su entorno social (la pequeña burguesía de una ciudad del interior) tiende para que no haya conflicto, para que todo siga como si nada hubiese ocurrido. Esta circunstancia, cuyas consecuencias no se muestran más que en la protagonista, abre en el relato una fisura por donde se cuelan y derivan sucesivas alteraciones internas sugeridas por su conducta y las referencias de los otros, quienes le señalan que ella está extraña. Este proceso se denota también en cambios externos más que evidentes, como el color del cabello que pasa de un rubio platinado a un marrón oscuro y opaco.

Fuera de las etiquetas

Algunos han visto en el relato de "La mujer sin cabeza" elementos vinculados con el cine de horror, ya que hay un sutil extrañamiento de la realidad cotidiana y la referencia permanente de algo temido que no es mostrado pero que permanece siempre asechante. Considerando estos aspectos, la etiqueta que más ajustadamente podría acercarse al film es la de "fantástico", si coincidimos en que éste transita una delgadísima línea entre lo imaginario y lo posible. Pero el cine de Martel está lejos de rótulos y sólo se puede afirmar que atraviesa un ambiguo territorio de carga simbólica y metáfora social.

Un aire de irrealidad envuelve lo cotidiano pero siempre deja abierta la lectura social de una clase dominante que convive con sirvientes y marginales que piden trabajo o comida, donde destaca la escena del joven que ayuda a descargar y transportar las plantas en macetas y le retribuyen con unas remeras usadas que ni siquiera son de su talle.

Como siempre, Martel demuestra su eficacia para resaltar detalles significativos y se manifiesta certera en la dirección de actores. Si en otro orden hubiera que buscar un equivalente formal en el arte contemporáneo con este film, un ejemplo a mano sería un poema de Mallarmé. Por la ambigüedad de los símbolos, por el fondo de insinuaciones poéticas, por el lenguaje hermético cuya última expresión llega a ser, inevitablemente, el silencio.

Con "La mujer sin cabeza" estamos ante un ejemplo de sensibilidad artística que desborda el lenguaje y donde el significante remite a la presencia de lo ausente: la culpa de lo que se pasa por encima, de lo que no se quiere ver y sigue allí transformado en fantasma.

Considerando sus dos largometrajes anteriores "La ciénaga" y "La niña santa", esta tercera película es su obra artísticamente más extrema y riesgosa, por la difícil conexión con los espectadores.

La mujer sin cabeza

Procedencia: (Argentina- España-Francia-Italia/2008).

Dirección y guión: Lucrecia Martel.

Actores: María Onetto, Claudia Cantero, Inés Efron, Daniel Genoud, Guillermo Arengo, César Bordón, María Vaner.

Fotografía: Bárbara Alvarez.

Edición: Miguel Schverdfinger.

Duración: 87 minutos.

Sólo apta para mayores de 13 años.

Se exhibe en el cine América.

Calificación: Buena.