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Eulalia Blanchart (EFE)
El presidente del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, las maniobras políticas de su gabinete, la crisis económica y, en suma, los problemas cotidianos, son los principales blancos de las críticas mordaces que los romanos expresan a través de sus estatuas parlantes.
Una tradición presente en la ciudad desde hace cinco siglos y mediante la cual sus habitantes se sirven de estas esculturas para expresar de forma anónima su desacuerdo con los poderosos a través de libelos adheridos a escondidas en sus pedestales.
A pesar de su número, actualmente tan sólo una escultura sigue ejerciendo esta función, la del Pasquino, la más "charlatana" de todas y la primera que empezó a "hablar".
La estatua, situada en las inmediaciones de Plaza Navona, representa al gladiador romano Pasquino, tan popular que le fue erigida una escultura en homenaje, en cuyo pedestal los romanos se acostumbraron a fijar libelos satíricos. Tal fue la tradición que Pasquino nos ha legado la palabra pasquín.
Actualmente, el Pasquino es especialmente crítico con las medidas aprobadas por el gobierno de Berlusconi como, por ejemplo, la reforma escolar y las modificaciones aplicadas al sistema de Justicia.
Sobre éstas últimas puede leerse: "¿Justicia cambiada?, está privatizada", mientras que sobre la escuela se habla del recorte de fondos previstos para los próximos tres años.
Asimismo, Pasquino se queja de la quiebra de Alitalia y las intervenciones que se han llevado a cabo para salvarla y lamenta que toda la operación repercutirá sobre los impuestos de los italianos.
Además, la estatua recuerda los rumores que circularon por el país, poco después de las elecciones del pasado abril, que aseguraban que el primer ministro mantuvo una relación íntima con la modelo y presentadora Mara Carfagna, actualmente ministra para la Igualdad de Oportunidades.
Pero Pasquino también se reserva comentarios maliciosos para el Papa y la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), y se queja de las ayudas que el Estado destina a la institución religiosa.
Otro personaje "víctima" de la ira de Pasquino es el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, al que incluso llega a calificar de "diablo".
"Pobre Roma, ahora viene al infierno a tener que purgar el gravísimo pecado, y con el diablo Alemanno que en Roma hace un gran daño", señala el libelo en referencia al alcalde de Roma, Gianni Alemanno.
Los mensajes, que son anónimos o aparecen firmados con seudónimos, están escritos en su mayoría en dialecto romano y se convierten en pequeñas poesías plenas de ironía.
Se desconoce quién fue el impulsor de estos mensajes, aunque por la época en la que se iniciaron se piensa que tuvo que ser algún estudiante o erudito, puesto que el pueblo romano era en su mayoría analfabeto.
Cuenta la leyenda que comenzaron en el siglo XV cuando por la noche y de forma furtiva se colgaban sátiras y reivindicaciones en la estatua, recriminando costumbres, criticando a políticos y a veces calumniando, como ocurre hoy.
Algunos llegaron a oídos de reyes extranjeros y provocaron más de un incidente diplomático.
Otra de las estatuas más famosas de Roma en el pasado fue la del Marforio, que actualmente se encuentra en uno de los patios de los Museos Capitolinos, y que durante muchos años mantuvo diálogos con la del Pasquino.
Así algunas de las sátiras que se apoyaban en los pies del Pasquino recibían respuesta en el Marforio, o viceversa.
Entre este conjunto de esculturas destaca además la de Madama Lucrezia, por ser la única que representa a una mujer.
Se trata de un busto ubicado en la plaza San Marco, cerca del centro neurálgico de la ciudad en uno de los ángulos de plaza Venecia, aunque su estado de conservación, como sucede en el caso del Pasquino y del Fachino, es bastante precario. Las otras dos estatuas parlantes de Roma son el Babuino y la del abate Luigi.
Pasquino es la más famosa de las estatuas parlantes de Roma, convertida en figura característica de la ciudad entre los siglos XVI y XIX.
A los pies de la estatua, y más comúnmente al cuello, se enganchaban en épocas pasadas folios con contenido satírico, a menudo en verso, dirigidos contra personajes públicos importantes, incluido el Papa.
La estatua es en realidad un fragmento de un obra helenística, probablemente del siglo III a.C. Representa casi con seguridad a un guerrero heleno. Algunos apuntan a que represente a Menelao sosteniendo el cuerpo de Patroclo moribundo. Otros estudiosos apuntan a que representaba a Áyax sosteniendo el cuerpo de Aquiles, o bien a Hércules, luchando contra los centauros. La estatua yació durante años en una callejuela medieval, hasta que en 1501 fue colocada en el lugar que ocupa en la actualidad, en la piazza di Pasquino, no lejos de Piazza Navona.
Sobre el porqué del nombre de la estatua no se pueden aventurar más que hipótesis, la mayoría de las cuales son de origen legendario. Según algunos, Pasquino era un personaje conocido por sus versos satíricos, quizá un barbero. Otros apuntan a que se trataba de un maestro de gramática latina, que ejercía su docencia en la misma plaza. Un día, sus alumnos cayeron en la cuenta del parecido entre maestro y estatua, comenzando así la costumbre de dejarle notas en el cuello. Otra versión apunta a que el nombre podría estar relacionado con el del protagonista de una de las narraciones del Decameron de Boccaccio (Decameron, IV, 7) muerto a causa de un envenenamiento por salvia, hierba conocida por sus propiedades curativas. El nombre aquí, indicaría a quién es dañado por las cosas que se toman en principio como buenas (como podría ser en aquel contexto, el poder teocrático papal). También entre tantas versiones, está la del gladiador.