Hace 15 años que Ana Fisher decidió involucrarse con el mundo de la estética. "Fui comerciante toda mi vida -explica ella- es una cuestión de familia. Para nosotros vender un producto u otro es lo mismo. Lo que hacemos es tratar de ver en el mercado las necesidades, qué es lo que se puede vender mejor e ir creando. El comercio bien entendido es una cosa sumamente creativa, es una dinámica constante".
Lo que comenzó como un simple negocio de venta de cremas para profesionales, se fue modificando en pocos años. La necesidad de crear una escuela surgió de las propias clientas que pedían cursos. El primero que fue de cosmietría, en el año "98. Lo brindó una dermatóloga y las primeras egresadas fueron diez. A partir de ahí surgieron nuevas inquietudes y nuevos proyectos que transformaron este emprendimiento en un empresa familiar que hoy tiene cinco puntos en tres provincias. El instituto cuenta con una sede y un centro de distribuciones en nuestra ciudad, más sucursales en San Francisco, Paraná y Rafaela.
La demanda de la escuela fue creciendo y surgió entonces la necesidad de crear una estructura más sólida. Así lo explica Ana: "Sumé gente capacitada, esteticistas que fueron pilares muy buenos que me ayudaron muchísimo, aportaron todo su conocimiento y armaron buenos libros. De ahi en más, en estos últimos diez años, el instituto tiene una meseta estable de crecimiento, dejando incluso gente afuera porque no podemos responder más".
El cupo limitado de alumnos atiende a que la característica de la institución es que los docentes estén involucrados con el alumno, al que se lo considera "no como una cuota, sino como una persona que viene con un sueño, a quien tenemos que ayudar para que lo cumpla y a quien le tenemos que brindar las herramientas que viene a buscar", dice la directora.
Actualmente, alrededor de 300 alumnos concurren al instituto, que cuenta con nueve cursos:
La escuela tiene objetivos claves de enseñanza. Para la institución "el alumno debe comprender que cuando atiende a alguien no tiene una mano, un pie, una cabeza. Se tiene a un ser humano, una historia de vida, un cuerpo emocional. Es una persona que está sintiendo y a la que hay que comprender, ayudar a que se vea bien y contenerla. Él tiene las herramientas para ayudarla".
Cada clase del instituto cuenta con un número reducido de alumnos. La idea es que todos aprendan cómodamente; según el curso, tengan su camilla y se puedan mover. La directora afirma: "Tenemos bastantes autoexigencias, responden a que no "sacamos gente', queremos formar profesionales. Ésto es un concepto de totalidad, por eso nosotros damos a quien llega la chaquetilla, el bolso; nos interesa ir creando su imagen: su pelo recogido, sus uñas cortas, el poco hablar, el ser puntual, trabajar con barbijo, etc. Yo quiero que se destaquen por una conducta, una educación, una apertura. No quiero que se lleven únicamente lo que aprenden como carrera, sino que se lleven todo un valor agregado. Creo que eso hace que esto funcione año tras año".
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