El 19 de septiembre último, la tradicional basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, auténtico emblema santafesino, cumplió sus primeros noventa años. Con tal motivo ha editado una ilustrativa revista en cuyas páginas se reseña el historial de esa iglesia, así como también se evoca a aquellos sacerdotes que fueron fundamentales en esa trayectoria nonagenaria, desde sus primeros párrocos a los más contemporáneos.
"La creación y la vida de la parroquia señala, el padre Panigo en el editorial de esa publicación, han sido muy especiales. Ese carácter especial se lo da el hecho de ser un santuario. Esa doble realidad crea tensiones, las tensiones propias de toda realidad viva, en la que todos podemos enriquecernos. Junto a la vida parroquial y a la presencia constante de los fieles que la forman, en este centro de fe, esperanza, caridad y humanidad, se desarrolla también todo el movimiento y la vitalidad propia de un santuario que recibe la visita constante de peregrinos".
En sus páginas, la revista incluye también un oportuno repaso a las actividades que se desarrollan en el marco de ese templo, no sólo las meramente eclesiásticas, sino aquellas que son de índole comunitaria y hasta educativa. Además contiene notas donde se abordan temas tales como los vinculados con aquellos aborígenes que se acercaron a la Virgen, la transcripción de una charla del padre Ricardo Nocetti sobre la beatificación de Ceferino Namuncurá, el discurso del Papa Benedicto XVI en la Fiesta de Acogida de las Jornadas Mundiales de la Juventud, temas vinculados con el Año Jubilar Paulino 2008-2009 y otros más cotidianos, como las obras edilicias que, día a día, continúan materializándose en la histórica basílica santafesina. Por esos y otros textos, bien puede considerarse a esa publicación como un verdadero documento.
Como se evoca en las páginas de la revista, fue Mons. Juan Agustín Boneo, primer obispo de la diócesis santafesina, el prelado que dispuso la creación de ese templo. De más está decir que él había llegado a la Santa Fe de fines del siglo XIX, siendo ya un ferviente devoto de la Virgen, a la que también hizo patrona de nuestra ciudad.
Con el transcurrir del tiempo, la primigenia parroquia alcanzó la categoría de basílica y la fecha elegida para su creación no había sido casual: era el día en que el obispo conmemoraba las bodas de oro de su ordenación sacerdotal.
Muchos fueron los sacerdotes que estuvieron al frente de la iglesia se recuerda, desde el Pbro. Miguel Genesio al Pbro. Edgardo Juan Trucco, que dejó este mundo pocos años atrás, después de que, por décadas, fuera el impulsor de una infatigable misión pastoral, que se extendió mucho más allá de los muros de la basílica. Bien puede decirse que era su basílica, porque en ella y para ella vivió, y en ella hoy descansan sus restos.
De la redacción de El Litoral