Escenarios & Sociedad: SOCI-06
Le Clézio, el viajero que escucha el ruido del mundo
%sPara el reciente ganador del Premio Nobel de Literatura, sus fuentes de inspiración "están en la realidad".

Luis Miguel Pascual-EFE

El escritor franco-mauriciano Jean-Marie Gustave Le Clézio, galardonado días pasados con el Nobel de Literatura, recibió la noticia en una escala en París, fiel a su fama de viajero impenitente siempre a la escucha del "ruido del mundo".

"Escribir no es sólo estar sentado en tu mesa contigo mismo, es escuchar el ruido del mundo. Cuando estás en la posición del escritor se percibe mejor el ruido del mundo, vas al encuentro del mundo", aseguró el literato afincado en Nuevo México y enamorado de la cultura hispanoamericana, en una multitudinaria rueda de prensa.

Serio pero bromista, austero pero generoso en sus respuestas, el nuevo Nobel de Literatura aseguró que no se esperaba el galardón, agradeció los elogios de la Academia sueca y se mostró un tanto avergonzado por haber tenido "esta gran suerte".

Habló poco de su obra y de sus influjos, aseguró que busca "una cierta ingenuidad y frescura" cuando escribe y reveló con seguridad sus fuentes de inspiración: "Una mezcla de mis recuerdos de infancia, de mi vida de adulto y de lo que constato en cada instante. Mis fuentes están en la realidad".

Cuando sonó su teléfono, Le Clézio estaba leyendo "La dictature du chagrin", de Stig Dagerman, y aprovechó la ventana que le abrió el premio para recomendar la lectura de novelas como antídoto para los problemas que atraviesa la sociedad, desde la crisis económica a "la tendencia excesiva a destacar el peligro que representan los extranjeros". "Leer novelas es una buena forma de interrogar al mundo actual sin que el resultado sea el de respuestas demasiado esquemáticas. El novelista no es un filósofo, no es un técnico de la lengua, es alguien que hace preguntas y si hay un mensaje que quiero enviar es que hay que hacerse preguntas", señaló el autor.

Recibió la noticia del premio con naturalidad y no cree que el prestigio del galardón cambie su vida. "Estoy escribiendo un libro y no me voy a parar por esto. Creo que ahora todo va a ser más sencillo. La Academia me ha regalado tiempo", dijo el literato nacido hace 68 años en Niza, en el seno de una familia de exiliados de las Islas Mauricio, una ex colonia francesa que siente como su patria.

Le Clézio no ha hecho otra cosa en su vida que escribir y viajar. Con siete años, completó dos obras en el barco que lo llevaba rumbo a Nigeria, donde su padre, médico de origen británico, había sido destinado durante la Segunda Guerra Mundial.

Los premios

Con 23 recibió el premio Renaudot por "Le procés verbal" y con 40 la Academia Francesa galardonaba su novela "Désert" como la mejor del año. En 1994, una encuesta organizada por una revista literaria lo señalaba como el mejor literato francés con vida.

"Todos los premios literarios son una suerte, dan tiempo y suponen una motivación", afirmó el escritor que, sin embargo, reivindicó su gusto por la vida apartada y aseguró que siempre le ha molestado el ruido de los flashes.

Comentó que escribe para testimoniar aunque no ocultó una cierta frustración por su trabajo y rescató de Dagerman "la paradoja del escritor, que le gustaría escribir para la gente que muere de hambre pero en realidad escribe para gente que tiene suficiente para comer".

Una paradoja "de la que el escritor no logra recuperarse", se lamentó este existencialista cuya obra se ha comparado con la de Georges Perec y Michel Butor, pero que se niega a encasillarse en ninguna corriente literaria.

A cambio, Le Clézio reivindicó un cosmopolitismo combinado con un gran arraigo en sus orígenes. "No me siento vinculado con ninguna región, quizá sólo a Bretaña, la tierra de mis antepasados. Pero cuando llego a las Islas Mauricio me digo: "estoy en casa'".

La cultura latina

Encandiló a la prensa con respuestas en francés, inglés y español, repasó sus viajes por medio mundo, su amor por la cultura hispanoamericana, cultivada en doce años de residencia en México y en sus largas estancias actuales en Nuevo México, donde constata el avance imparable de la cultura latina.

Recordó sus estudios de las culturas amerindias, por las que mantiene una gran pasión, sin menosprecio de otras partes del continente, como el Brasil de Euclides da Cunha: "Una gran revelación, una obra ejemplar que relata la cultura de la revuelta".

Y no se olvidó de África, donde pasó largas temporadas en su infancia y a quien dedicará en el futuro una obra centrada en el poeta senegalés Leopoldo Sedar Senghor.

Le Clézio no quiere parar de escribir. "Tengo la superstición de que mientras tienes un manuscrito entre manos te mantiene con vida, al menos, hasta que lo terminas".