Opinión: OPIN-01 El país aún espera políticas agropecuarias

El Estado argentino se financia en buena parte con retenciones a las exportaciones de productos del campo. En situaciones de renta extraordinaria, es normal que una Nación se solvente en tales riquezas; pero en el actual escenario nacional e internacional, la falta de políticas para el sector sigue siendo una pérdida de recursos que no tiene razonable explicación.

La Argentina perdió millones de dólares cuando los precios internacionales eran altos. Por políticas restrictivas, tanto los productores como el país no pudieron aprovechar a pleno la oportunidad de vender más granos, carne o lácteos, por la pretensión de "inundar" el mercado interno con esos productos y contener así la inflación.

Pero los precios internos siguieron subiendo y las unidades productivas afrontan quebrantos. Es cierto que la sequía explica en gran proporción la baja de 93 a 80 millones de toneladas en la producción agraria de la presente campaña; pero no menos cierto es que ante los crecientes costos internos y en un mercado que paga menos, los productores dejaron de lado la inversión necesaria para mantener la productividad de los suelos.

A 350 dólares la tonelada de soja en el mercado internacional, el precio que reciben los productores -neto de retenciones- es aún equiparable al promedio de los "90; pero los costos de producción tuvieron una inflación dolarizada y el nivel de retenciones es insostenible en esa oleaginosa como en cualquier otro producto del campo.

La Casa Rosada ha dejado entrever medidas protectivas para la industria, y los actores políticos, sindicales y empresarios expresan la inquietud y la necesidad de políticas que preserven producción y puestos de trabajo en el sector. Esa indiscutible necesidad contrasta con el silencio y la negación a la hora de abordar políticas para el campo.

El escenario internacional marca un cambio dramático; las economías centrales se retraen y los precios de los comodities bajaron. El mundo se queda sin financiamiento y si bien los países que compran alimentos lo seguirán haciendo, las condiciones han cambiado y ya nada será lo mismo, en especial para productores argentinos que ven sus costos inflacionados y sus ingresos depreciados, en tanto padecen el destrato de su propio gobierno nacional.

Sin políticas agropecuarias se cierran los tambos, se faenan vientres, se deterioran los suelos, se retrae la campaña agrícola. Las familias que volvían a las poblaciones rurales ahora siembran la peor de las semillas: la duda. Los camioneros tienen menos para transportar; los fabricantes de maquinarias se retraen, los vendedores de insumos se resienten.

El mundo cambió, la Argentina está en él y las reglas del juego para el campo en nada se han modificado. Difícilmente un gobierno pueda "matar la gallina de los huevos de oro" de la Argentina; pero la dirigencia política central, y los representantes de los distritos federales, deben asumir que sólo alimentan la pobreza si no definen una política sustentable para el campo, que nada podrá distribuir si antes no tiene condiciones para producir.