Al ritmo del despliegue informativo sobre el desarrollo de la crisis financiera mundial, páginas y pantallas se poblaron de imágenes de brokers , en un desfile incesante y acompasado al ritmo de los acontecimientos. Así es como nos acostumbramos a ver a tipos con invariable pinta de oficinistas Äsean anglosajones o filipinosÄ, rodeados por paneles con pantallas y luces de colores, protagonizando un despliegue emotivo que no parece propio de los avatares bursátiles. Así, producto del diariamente repetido dilema periodístico de "cómo ilustramos esto", y añadiendo el "toque humano" que algunos consideran necesario insertar en la información "dura", vemos rostro tras rostro con expresiones inequívoca y redundantemente alusivas al título en cuestión: "Caen los mercados asiáticos", carita triste; "Reacción favorable al rescate de los bancos", caritas sonrientes; "Desplome financiero", caritas desesperadas; "Sorprendente repunte", caritas extasiadas; "El pánico vuelve a apoderarse de los mercados", carita... bueno, de pánico. Ya más que rostros parecen emoticones.
Y es que los tipos están ahí, con la vista fija en esos numeritos que corren, con la misma fruición Äy posiblemente idéntica patologíaÄ que los infelices que buscan salvarse con la maquinita tragamonedas; sólo que a distinta escala y con plata de otros. Pero uno pensaba que eran tipos fríos, calculadores, insensibles. Y parece que hay de ésos; son los que tienen dañado el lóbulo frontal y son inmunes a cualquier sentimiento (ésos rinden un 13 % más, según un estudio). Pero los otros son simples seres humanos, que alguna vez incluso fueron como cualquiera de nosotros. Y encima con problemas de estrés, del hígado, de hipertensión, de la columna, del corazón, de insomnio. Es una de las ocupaciones más riesgosas que existen. Sabiendo esto, hasta mueven a compasión. Pero por otra parte, se les podría decir que se busquen otro trabajo; uno de verdad, incluso.
Pero en tanto, y mientras la globalización se termina de reformatear, seguiremos viendo festejos y depresiones de opereta con trasfondo millonario. Y todo, desde cierto divertido sarcasmo, pero también con un renovado, creciente y poderoso hartazgo.