EFE
El ensayista y lingüista Tzvetan Todorov advirtió que el miedo a los bárbaros "nos puede convertir en bárbaros a través de nuestros propios fantasmas" y planteó como dirección más conveniente para el futuro "aprender a vernos en los ojos del otro", buscando "en la memoria ajena".
El investigador francés de origen búlgaro estuvo en Madrid, semanas antes de recibir el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, para inaugurar la nueva temporada de Humanidades de la Fundación La Caixa, donde impartió la lección inaugural sobre "La memoria, un remedio contra el mal".
El pensador analizó el papel de la memoria y sus usos para combatir el dolor que nos infligen los males del mundo, guerras, crímenes y genocidios, ilustrando sus ideas con el genocidio camboyano y el apartheid sudafricano.
Considerado una referencia lúcida e indiscutible en el panorama intelectual de nuestro tiempo, Todorov acaba de publicar en Francia "El miedo a los bárbaros", un ensayo de próxima aparición en España, donde estudia las nociones generales de barbarie, civilización y cultura, y analiza la situación contemporánea entre países y entre comunidades dentro de un país.
Según afirmó, lo que nos impide ver es el identificarnos como víctimas o héroes de un hecho pasado, ya que el mal nunca está solo de un lado y "la manera más instructiva de recordar es identificarnos con el malhechor".
Todorov dijo también que "nunca se aprende de los errores ajenos, sino sólo de los propios", y que "ésa es la razón por la que el mal se perpetúa con tanta eficacia por todo el mundo".
En un encuentro con periodistas, el intelectual expresó su preocupación ante eso que hoy se denomina "guerra contra el terrorismo", y "la introducción oficial de la tortura en Occidente, que está siendo admitida y es algo muy nuevo", destacó. Todorov se interesó por la actitud de la sociedad española ante la "ocupación" de Afganistán, un tema que ha agitado el debate en Francia tras la muerte el pasado agosto de diez soldados en esa misión de "paz".
"Me cuesta ver la legitimidad de esa intervención militar", afirmó.
Respecto de la crisis económica, el pensador dijo que sólo podía expresar un deseo: "Que muestre que la política económica ultraliberal es peligrosa" y que el desarrollo económico "jamás debe ser un objetivo último en sí mismo, sino sólo un medio para lograr una vida común mejor".
Sobre el problema de la identidad europea comentó que "hay que inventar un nuevo modelo que no sea el de la unidad". "La Unión Europea no se parece, ni se parecerá nunca, a los Estados Unidos. No hay un pueblo europeo sino varios, no estamos borrando fronteras y la cuestión es establecer en qué consiste esa unidad".
"Los europeos se han visto obligados a manejar la pluralidad desde sus orígenes y el problema es la forma de vivirla", opinó.